Apuntes desde la melancolía.
María Eugenia Caseiro
Estas palabras preliminares que el amigo licenciado Fernando R. Ortega tituló al leerlas Apuntes desde la melancolía y publicó en la revista Comunicando a finales del año 2005, fueron tendidas a modo de puente, pasando por los que no olvidan, entre los que olvidan y los olvidados. Palabras que a pesar del naufragio de un anhelo en el mar de los tiempos, continúan llevando al hombro el fardo de la impotencia y en la esperanza y aspiraciones para un mundo mejor, siguen flotando en espera del galeón de la justicia, del bergantín del equilibrio, o el trasatlántico de un futuro mejor.
En este 2009, y siempre que la conciliación despliegue ese viento a favor que nos reanuda en el tiempo para que no se hunda la esperanza, deseo compartirlas de nuevo y pulsar sobre aquéllos que no olvidan, un hálito de juicio que se extienda a los que olvidan y a los olvidados.
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Se acerca la Navidad, y con ella una mezcla de emociones, una gama que va desde la alegría hasta la nostalgia; desde la pena, hasta la felicidad; pero la tristeza, el desamparo, la pobreza, están tan sólo un paso de donde elevan su mansión del lujo y la abundancia.
Muchos coinciden en que la Navidad es una época para reflexionar. En ese período, tan cercano al fin de un plazo, de una meta trazada, las personas tienden a hacer una recapitulación de los eventos transcurridos en esos doce meses que componen el año que está por terminar. Finalmente el almanaque, suspendido de su última hoja, como un enfermo que no quiere morir, cede a la caída de los días en el estanque donde se mezclan razón y sentimiento.
La vida, que necesita soldados de alma limpia, con voces como espejos relucientes que canten a la pena o a la gloria, no depende de de antojos o voluntades extrañas, y como un dictado o un sugerido pasa a ser un impuesto, es por ello que los que creemos que en las artes no caben imposiciones, prescindimos muchas veces del auspicio de aquéllas; así empuño el instrumento de mi voz para cantar, en vez de a la dicha y la alegría, a la pena, al desconcierto, al dolor y a la pobreza.
Blog con obras literarias poéticas, poemarios y libros de poesía de relativa extensión. Se aguardan opiniones comentarios y sugerencias de los lectores.
Foto de Cartier Bresson
miércoles, marzo 17, 2010
jueves, marzo 11, 2010
LosPoemas de Máximo Simpson,
(para Andrés Aldao y Susana)
POESIA - POETA DE POETAS: MAXIMO SIMPSON
¿Qué decir de él, si toda su persona está vestida de profunda poesía y suena, en su silencio, " como un rojo violín desorbitado? Decir que, al leerlo, siento que su palabra - que ha trascendido por merecimiento y a través del tiempo la tierra americana - es un abrazo abarcante que provoca en otros y en mí - al leerlo - transformaciones al principio casi místicas, para sentir luego en la piel una sensación extraña, como si unas manos de fuego dibujaran caligramas en mis propios dedos, en mi alma. He leído infinitas veces a Máximo Simpson, siempre vuelvo a él. Lo conozco personalmente, su mirada, su voz, estuve sentada a su lado ( privilegio no olvidado) y he vivido el casi misterio de su figura y su obra, imposible de conseguir. Su obra: vivencias de simple e intensa belleza, de estilo delicado, exquisito. Versos elaborados con soltura expresiva, con dominio de estilo, maestría en el tono, versos por los que transita una vida construída en el dolor, a cal y canto: "¿ dónde están las pisadas de mis pasos/ dónde están las miradas que dejé por el aire? - dice y yo, en honor a su talento creativo, a su extraordinaria condición de poeta, quiero contestarle con sus propias`palabras que: "Has roto fronteras/agregaste viento al viento/ atravesaste puertas y ventanas / te subiste al mangrullo de la tarde" y allí estás, allí estarás con tus versos al viento, iluminando la hora de los que sabemos descubrir e intuir tu íntima y verdadera esencia de poeta. Susana Zazzetti.
¿Qué decir de él, si toda su persona está vestida de profunda poesía y suena, en su silencio, " como un rojo violín desorbitado? Decir que, al leerlo, siento que su palabra - que ha trascendido por merecimiento y a través del tiempo la tierra americana - es un abrazo abarcante que provoca en otros y en mí - al leerlo - transformaciones al principio casi místicas, para sentir luego en la piel una sensación extraña, como si unas manos de fuego dibujaran caligramas en mis propios dedos, en mi alma. He leído infinitas veces a Máximo Simpson, siempre vuelvo a él. Lo conozco personalmente, su mirada, su voz, estuve sentada a su lado ( privilegio no olvidado) y he vivido el casi misterio de su figura y su obra, imposible de conseguir. Su obra: vivencias de simple e intensa belleza, de estilo delicado, exquisito. Versos elaborados con soltura expresiva, con dominio de estilo, maestría en el tono, versos por los que transita una vida construída en el dolor, a cal y canto: "¿ dónde están las pisadas de mis pasos/ dónde están las miradas que dejé por el aire? - dice y yo, en honor a su talento creativo, a su extraordinaria condición de poeta, quiero contestarle con sus propias`palabras que: "Has roto fronteras/agregaste viento al viento/ atravesaste puertas y ventanas / te subiste al mangrullo de la tarde" y allí estás, allí estarás con tus versos al viento, iluminando la hora de los que sabemos descubrir e intuir tu íntima y verdadera esencia de poeta. Susana Zazzetti.
DE LA CASA Y OTRAS VISIONES (1995)
Sonata
Toca el violín la casa,
se asoma de sí misma,
se sale de la casa,
y le atraen vacíos hacia arriba y abajo.
Toca el violín la casa,
tiemblan sótanos negros de cólera indecisa,
tiembla toda la casa con su gran cuerda humana
cuando suena el violín violento de la casa.
La casa tiene lámparas votivas,
roperos tristes,
ventanas que miran hacia dentro.
La gotera
La gotera caía
sobre el pan,
sobre el tiempo.
La gotera caía como salmo insensato,
como loco aleluya,
como lento gorjeo,
como un aria indecisa.
Y la gotera hablaba en medio de la noche,
era un ala que rozaba los días.
La gotera caía como terca amenaza,
se metía hacia dentro,
en la médula misma,
en el cogollo herido,
en las uñas dormidas,
en el cuaderno niño entre las letras,
adentro de la pulpa,
adentro de la vida.
La gotera caía
sobre el pan,
sobre el tiempo.
La baldosa
Esa baldosa rota con su pequeño charco
vive en medio del patio
como un falso profeta.
Esa ínfima ruina,
esa grieta del mundo,
ese fracaso de la vida que ya toca sus bordes,
esa breve fisura es un aviso,
una señal dejada como por puro azar.
Esa trivial metamorfosis,
Ese ex abrupto de agua
que como un charco de locura
desafía la calma de las flores,
es nada más que eso: una provocación,
un torvo golpe al aire de la casa.
El comedor
Destemplado,
aterido,
sin cubiertos, sin sillas,
sin ventanas, sin flores, sin paredes,
sin mesa horizontal,
al borde del abismo.
Un aire de nostalgia lo llamaba,
una atmósfera oscura de duelo subrepticio,
un aria como endecha.
El comedor huía hacia el ocaso,
hacia un país soñado,
hacia el día siguiente.
Las sillas
¿En qué lugar,
en qué rincón,
esperaba una silla replegada
bajo viejos papeles,
sepultada
bajo trajes y alambres?
¿Dónde cuatro soportes
para la hora de comer,
de gritar en voz alta?
¿Dónde el sitial,
dónde la comisura,
el fundamento para subir al aire,
para resistir?
Aparejo remoto de la casa,
pilar inaccesible:
de pie toda la vida desde niños,
entre sillas difuntas.
Las visitas
Las visitas llegaban,
pero entonces la casa se escondía,
se ocultaba a los ojos,
a las manos,
se cubría con trapos, con rubores,
con puertas, con ventanas,
con largos ademanes,
y sacaba las sillas a la calle,
los retratos quebrados,
los desvelos.
Comensales a oscuras,
inspectores de muebles recelosos,
turistas extraviados,
las visitas comían a la orilla
de una mesa inasible.
Los adultos
Lentamente ascendían,
y con la mano apenas,
con el pie,
con la voz,
con la dulzura,
defendían la hora diminuta,
el efímero cielo,
el escaso rocío,
el canto ya inaudible de un pájaro extraviado.
Entre gestos confusos se aferraban a uñas,
palabras,
torbellinos,
manoteaban el aire,
discurrían,
y miraban entonces desde lejos,
desde aquella frontera intolerable,
desde viejas orillas del recuerdo.
Asidos a la precaria luz,
lentamente se iban,
y yo soy aquel niño que espera su regreso.
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sábado, febrero 13, 2010
lunes, febrero 01, 2010
POESÍAS de HÉCTOR VIEL TEMPERLEY
POESÍAS de HÉCTOR VIEL TÉMPERLEY
Héctor Viel Témperley. Buenos Aires. (1933 - 1987) .Tengo el tomo - conseguido en Buenos Aires luego de mucho peregrinar - que reúne las poesías de Héctor Viel Temperley , entre mis manos. Leo. Lo abandono un instante. Lo vuelvo a tomar y leo. Leo lo nuevo para mí, leo lo ya leído, lo conocido. Siento que es más que un conjunto de estrofas o una serie organizada de versos. Siento un hombre. Una vida anidada en las páginas. Poesía pura. y me digo que la literatura es - a veces ésto es lo que pienso - más que transmitir sentimientos y emociones o que evasión de la realidad o un juego apasionado de palabras. Creo que esencialmente es una posición que se asume frente a la vida, con su cal y su arena, con este azar que en un minuto cualquiera da vuelta una historia personal y sorprende y enseña y obliga. Tal vez,´algo parecido a ésto pudo haber pensado este poeta cuando en la efervescencia de sus jóvenes años la enfermedad golpeó en sus horas. Este poeta, ángel con botas " mi cuerpo en los estribos, casi alado" que escribió poesías desde sus dieciocho años, humaniza desde entonces las palabras, " las desenvaino de mi cuerpo" y siente, al escribir, como si ascendiera al cielo en un estallido puramente doloroso y creador. Y es en ese estallido, donde él mismo , el nadador, cava en su interior, conociéndose, como el mar que tanto amaba, cava la orilla; se confiesa, se descubre, recuerda hechos del pasado y como una premonición se adelanta a situaciones futuras. La poesía de Viel Temperley, donde él mismo es el yo poético, es una especie de alas arrancadas del azul, de los caballos, del hospital. Escritos con partículas de su propio cuerpo, sin estructura clásica, los versos lo definen confrontando la vida con la muerte. Obras: "Poemas con caballos" "El nadador" Legión extranjera" "Hospital Británico" y otras. Susana Zazzetti.
6
Desde mis pies, mis dedos, abro un río
que va de las rodillas hasta el pecho,
me desato los músculos, me parto
y por mis hombros salto, corro y muerdo.
Tiro mi cuerpo al suelo y yo me tiro
sobre mi propio cuerpo con mi cuerpo,
y, adentro mío, en un instante empuño
el arma que eres tú, el amante acero
que, ya rota su vaina, a mí me envaine
cuando muerto de amor lo lance al cielo.
de "El arma"
Enfermedad
De espaldas, solo, quieto,
no escucho más que el viento
y a su arena cegante.
Abiertas las costillas
dejo que el sol voltee
su caballo en mi sangre.
Dejo que sobre el hueso
de la frente me marque
su herradura, incendiándome.
Dejo también que el mar
desde corrales
de espuma se abalance.
Que en sus ancas profundas
y frías
bajo mi pecho,
una mano tras la otra
se me espanten.
Y que una y otra vez
su silencio me envaine.
Bajo la hirviente carga
yo, solitario sable.
Cuerpo en la costa, herrumbre
cada vez más tirante.
Yo desnudo en el viento,
yo, sin moverme, dejo
que cave en mis entrañas
una pala radiante.
Que el arenal acose
mis ojos y su enjambre
se irrite por mis párpados
sin poder despertarme.
Que el mar, oh el mar
después,
como a espada me lave
en ese instante estrecho
que desenvaina en aire.
Mas ya, como en un sueño,
hasta en el mar ya es tarde.
Yo, sometido a libertad, sujeta
a toda luz mi carne,
yo, impenetrable pese a todo, rígida
como columna de agua amarga el alma,
no sé más que cerrarme.
En mi garganta,
el llanto atravesado como llave.
Frente a la carga inmensa, inmerecida,
yo, sable enfermo, solitario sable.
de "El nadador"
Deja de llover sobre mi cabeza
Deja de llover sobre mi cabeza
y el aire tiene un olor a tibio
que conozco.
Olor a luz, a madera a incienso.
Olor a madrugada
en un monasterio.
Tirado y con los codos en la arena
escucho todas las primeras misas
del mundo
que se rezan por mi alma.
de "Mare nostrum gris"
Una muchacha
Una muchacha
que tiene olor a sexo
y a lápiz.
Una línea.
Una muchacha
nada rubia. Dios:
te lo aseguro
me pidió que partiera
su blanco lavatorio
y me dejó entre estrellas
de ceniza mojada.
Olor a sexo,
pelo oscuro, lápiz.
Un tajo muy finito.
Una muchacha.
de "Tres poemas muy caídos o muy altos"
S/T
Vengo de comulgar y estoy en éxtasis
contemplando unas sábanas
que sólo de mí penden
sin querer olvidar que en esta balsa,
de tiempo que detengo y de escafandra
con pasos de mujer,
nunca fui absuelto
en el adolescente y en el viento
ni en la cuerda del crawl, que de los hierros
cavernosos comienza
a separarse
ni siquiera en las manos deslizándose
ni en el agua - que corre entre los dedos -
ni en los dedos, ligándose despacio
para remar con aprensión
de nuevo
allí donde no hay mesa para apoyar los brazos
y esperar que alguien venga
desde su pueblo a visitarnos,
nadie fuma ni duerme, y - en días de gran calma-
sobre el plato de un hombro
puede viajar un vaso.
de "El espigón más largo, el aviso y el crawl"
Yace muriéndose
Toda la transpiración de mi cuerpo regresará a mis ojos cuando
muera el tambor en donde fui formado y hable con Él - como
un niño borracho - entre sillas caídas, río crecido y juntos.
Todas las lágrimas de mi vida volverán a mis ojos, y por las
hondas sedas de un pecho de caballo querré internarme,
huir, refugiarme en mi casa de trozos esparcidos de ballena: mi casa
como cuerpo de varón recién nacido en el tórrido vientre del silencio.
Tengo La Cabeza Vendada
Allá atrás, en mi nuca, vi al blanquísimo desierto de esta vida, de mi vida, vi a mi eternidad, que debo atravesar desde los ojos del Señor hasta los ojos del Señor.
.............
de "Héctor Viel Temperley. Obras completas. Edit. Pez Náufrago
Héctor Viel Témperley. Buenos Aires. (1933 - 1987) .Tengo el tomo - conseguido en Buenos Aires luego de mucho peregrinar - que reúne las poesías de Héctor Viel Temperley , entre mis manos. Leo. Lo abandono un instante. Lo vuelvo a tomar y leo. Leo lo nuevo para mí, leo lo ya leído, lo conocido. Siento que es más que un conjunto de estrofas o una serie organizada de versos. Siento un hombre. Una vida anidada en las páginas. Poesía pura. y me digo que la literatura es - a veces ésto es lo que pienso - más que transmitir sentimientos y emociones o que evasión de la realidad o un juego apasionado de palabras. Creo que esencialmente es una posición que se asume frente a la vida, con su cal y su arena, con este azar que en un minuto cualquiera da vuelta una historia personal y sorprende y enseña y obliga. Tal vez,´algo parecido a ésto pudo haber pensado este poeta cuando en la efervescencia de sus jóvenes años la enfermedad golpeó en sus horas. Este poeta, ángel con botas " mi cuerpo en los estribos, casi alado" que escribió poesías desde sus dieciocho años, humaniza desde entonces las palabras, " las desenvaino de mi cuerpo" y siente, al escribir, como si ascendiera al cielo en un estallido puramente doloroso y creador. Y es en ese estallido, donde él mismo , el nadador, cava en su interior, conociéndose, como el mar que tanto amaba, cava la orilla; se confiesa, se descubre, recuerda hechos del pasado y como una premonición se adelanta a situaciones futuras. La poesía de Viel Temperley, donde él mismo es el yo poético, es una especie de alas arrancadas del azul, de los caballos, del hospital. Escritos con partículas de su propio cuerpo, sin estructura clásica, los versos lo definen confrontando la vida con la muerte. Obras: "Poemas con caballos" "El nadador" Legión extranjera" "Hospital Británico" y otras. Susana Zazzetti.
6
Desde mis pies, mis dedos, abro un río
que va de las rodillas hasta el pecho,
me desato los músculos, me parto
y por mis hombros salto, corro y muerdo.
Tiro mi cuerpo al suelo y yo me tiro
sobre mi propio cuerpo con mi cuerpo,
y, adentro mío, en un instante empuño
el arma que eres tú, el amante acero
que, ya rota su vaina, a mí me envaine
cuando muerto de amor lo lance al cielo.
de "El arma"
Enfermedad
De espaldas, solo, quieto,
no escucho más que el viento
y a su arena cegante.
Abiertas las costillas
dejo que el sol voltee
su caballo en mi sangre.
Dejo que sobre el hueso
de la frente me marque
su herradura, incendiándome.
Dejo también que el mar
desde corrales
de espuma se abalance.
Que en sus ancas profundas
y frías
bajo mi pecho,
una mano tras la otra
se me espanten.
Y que una y otra vez
su silencio me envaine.
Bajo la hirviente carga
yo, solitario sable.
Cuerpo en la costa, herrumbre
cada vez más tirante.
Yo desnudo en el viento,
yo, sin moverme, dejo
que cave en mis entrañas
una pala radiante.
Que el arenal acose
mis ojos y su enjambre
se irrite por mis párpados
sin poder despertarme.
Que el mar, oh el mar
después,
como a espada me lave
en ese instante estrecho
que desenvaina en aire.
Mas ya, como en un sueño,
hasta en el mar ya es tarde.
Yo, sometido a libertad, sujeta
a toda luz mi carne,
yo, impenetrable pese a todo, rígida
como columna de agua amarga el alma,
no sé más que cerrarme.
En mi garganta,
el llanto atravesado como llave.
Frente a la carga inmensa, inmerecida,
yo, sable enfermo, solitario sable.
de "El nadador"
Deja de llover sobre mi cabeza
Deja de llover sobre mi cabeza
y el aire tiene un olor a tibio
que conozco.
Olor a luz, a madera a incienso.
Olor a madrugada
en un monasterio.
Tirado y con los codos en la arena
escucho todas las primeras misas
del mundo
que se rezan por mi alma.
de "Mare nostrum gris"
Una muchacha
Una muchacha
que tiene olor a sexo
y a lápiz.
Una línea.
Una muchacha
nada rubia. Dios:
te lo aseguro
me pidió que partiera
su blanco lavatorio
y me dejó entre estrellas
de ceniza mojada.
Olor a sexo,
pelo oscuro, lápiz.
Un tajo muy finito.
Una muchacha.
de "Tres poemas muy caídos o muy altos"
S/T
Vengo de comulgar y estoy en éxtasis
contemplando unas sábanas
que sólo de mí penden
sin querer olvidar que en esta balsa,
de tiempo que detengo y de escafandra
con pasos de mujer,
nunca fui absuelto
en el adolescente y en el viento
ni en la cuerda del crawl, que de los hierros
cavernosos comienza
a separarse
ni siquiera en las manos deslizándose
ni en el agua - que corre entre los dedos -
ni en los dedos, ligándose despacio
para remar con aprensión
de nuevo
allí donde no hay mesa para apoyar los brazos
y esperar que alguien venga
desde su pueblo a visitarnos,
nadie fuma ni duerme, y - en días de gran calma-
sobre el plato de un hombro
puede viajar un vaso.
de "El espigón más largo, el aviso y el crawl"
Yace muriéndose
Toda la transpiración de mi cuerpo regresará a mis ojos cuando
muera el tambor en donde fui formado y hable con Él - como
un niño borracho - entre sillas caídas, río crecido y juntos.
Todas las lágrimas de mi vida volverán a mis ojos, y por las
hondas sedas de un pecho de caballo querré internarme,
huir, refugiarme en mi casa de trozos esparcidos de ballena: mi casa
como cuerpo de varón recién nacido en el tórrido vientre del silencio.
Tengo La Cabeza Vendada
Allá atrás, en mi nuca, vi al blanquísimo desierto de esta vida, de mi vida, vi a mi eternidad, que debo atravesar desde los ojos del Señor hasta los ojos del Señor.
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de "Héctor Viel Temperley. Obras completas. Edit. Pez Náufrago
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lunes, enero 11, 2010
Lina Caffarello: POEMAS ALIÑADOS CON LUCES, SOMBRAS, MATICES...
Lina Caffarello
POEMAS ALIÑADOS CON LUCES, SOMBRAS, MATICES...
PARAÍSOS
Borrachos en el sol del mediodía,
con la ilusión
jugando hasta las copas.
Copas que evaporan en el aire
sus ondulantes pies.
Para arraigarlos de a poco ante mis ojos,
me acerco hasta su aroma.
SAZÓN
Germina su especia el equinoccio,
azul, trazo, portal.
Cuelga su nombre en los jilgueros,
danza sobre el filo de la piedra
y, al trepar un macramé de mimbres,
funda el estallido y los capullos
latentes en el aire.
OPACIDAD
Ella, opacidad sin nombre,
hace brillar el aire
para que los otros reinen.
El espantapájaros se asoma
se suma
a la chueca hilera de zapatos
que simula ocuparse de la loca.
Ocultos, más allá,
unos huesos ahuecados,
y otros que una vez
saciaron los olivos.
Ella, hecha lluvia,
decide rescatar sus manos
y se transforma en río.
DÍA DE PARIR
Todo es una idea.
¿Quién dice?
La piedra, el alma de la piedra,
la partícula más ínfima de piedra.
El espacio entre partículas.
El espacio más ínfimo del alma.
¿Quién dice?
El agua que trata de horadar la piedra.
La piedra que desvía al agua.
El alma al desviar espacios.
Los vientos que concurren.
¿Qué dicen?
Hoy es un día de engendrar y de parir.
(¿Es un día de espacios?)
Ideas
¿quién dice?
Espacios para el alma que es piedra y agua y vientos.
HOGUERA
El baile de las grullas se ha perdido.
No hay un prisma que despliegue su abanico
ni los frisos determinan el lugar.
Alguien que no toma prisioneros
derrocha latigazos sobre los hombros del mundo.
El cielo oscila entre sus flecos.
El polvo oscila.
No podrás divorciarte de esos barcos.
Sólo lavar los ojos de la rosa
atizar la luz en los carbones
y arder
arder...
LOS TRINOS
El límite es la piel.
Encallecida por los golpes,
por palabras,
y la andanada incontenible,
incontenida,
de injurias
que buscan sepultarnos.
El límite es la piel.
Hacia adentro, sordos pájaros
saludan la mañana,
limpian sus alas dibujándoles el vuelo,
y alertan al tigre soñoliento,
que otra vez tendrá que desgarrarse
para permanecer enteros.
MARIONETTE
La herrumbre
se desprende como hojaldre.
le petite marionnette
cantaba mi madre.
Balcones
escaleras.
Tricche tracche
decía mi padre.
Ojos hojaldrados
se desprenden como herrumbre.
Veo veo
¿qué ves?
Rejas país
clavos país.
Óxido sin horas
de un reloj perdido.
MOCC
Curioso sedimento éste
en que la última señal confunde,
y fósiles
se adueñan de la voz,
del mármol de la mesa,
de las cuidadas huellas.
Cómo medir los restos
si ése que agrietó su mano se consume
y siguen creciendo los erizos,
muecas despiadadas
que despojan
los suelos que nos quedan.
OREMOS
Los días se amortajan
como un rebaño de rocas
ante las bocas de pan
abiertas.
Molinos repetidos
por las aguas de este río
tributario
de otros ríos.
Cucú cucú
cantaba la rana
Juegos a-penas
que hacia el borde de la ronda
se hunden.
PALABRAS
Esta piedra no es la piedra
ni tampoco la llanura.
Sin embargo, la ceguera empecinada
en medir la claridad
desnombrando la hierba al mediodía.
Alguien puede demoler los puentes
y bordar el tiempo con burbujas.
Alguien sabe pronunciar el viento
para encender la noche de alas.
Esta piedra no es la piedra:
una lluvia antigua siembra
y se rompe la vigilia.
LUGAR COMÚN
A veces se doblan las rodillas
y cada golpe cabe en otro golpe,
la caída encierra otra caída.
El instinto estalla en la oquedad del grito.
El grito nace arrodillado;
el grito en el grito de otro grito.
GÉNESIS
Era el embate preciso de la savia
despertando el vértigo
en la entraña de la espiga.
Era la grieta morosa de rocío
presagiando el estallido
que colmaría su sombra.
Era avidez luminosa del abismo,
infinita,
en la eclosión final.
DONDE CRECEN LAS PALABRAS
Yo conocí la tierra donde crecen las palabras:
brotan de raíces con contorno de otros dioses,
florecen con la madera,
se desgajan de las frutas.
Algunas rondan por los patios insulares,
escapan enredándose en las rejas
para no caer en la sombra antigua del aljibe,
ondulan por onduladas calles,
tejen tules de sueños
que buscan rincones en los pliegues de la sierra.
Destino de ave, otras cruzan en bandadas:
no las palomas de petrificado vuelo,
no las golondrinas quemadas en la antorcha;
son pájaros de sol, ángeles al viento.
La noche las arranca de los parches,
iluminan resonancias
a golpe de ritmo y sangre.
Se agitan en cierta mirada milenaria,
estallan en la boca del heraldo,
y alborotan los lagos asombrados
para que la luna se atreva a capturarlas.
Yo..., yo conocí la tierra donde crecen las palabras.
EL VATICINIO
¡Has de volver!
me dice el vaticinio de la maga,
y lo repite un murmullo de adoquines
con guiños cómplices
de luces redimidas por vitrales,
del esqueleto cautivo en la farmacia,
de los ojos barrocos de la catedral.
¡Has de volver!
susurran desde el bosque de los héroes,
desde ajadas rejas que sujetan siglos,
desde el sitio del poeta iluminado,
desde inmensos sables que afloran en la plaza,
desde el puente con veredas de papel.
¡Has de volver!
insisten los espectros de la roca,
el eco que compré en la caracola,
las piedras pellizcadas por el mar...
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POEMAS ALIÑADOS CON LUCES, SOMBRAS, MATICES...
PARAÍSOS
Borrachos en el sol del mediodía,
con la ilusión
jugando hasta las copas.
Copas que evaporan en el aire
sus ondulantes pies.
Para arraigarlos de a poco ante mis ojos,
me acerco hasta su aroma.
SAZÓN
Germina su especia el equinoccio,
azul, trazo, portal.
Cuelga su nombre en los jilgueros,
danza sobre el filo de la piedra
y, al trepar un macramé de mimbres,
funda el estallido y los capullos
latentes en el aire.
OPACIDAD
Ella, opacidad sin nombre,
hace brillar el aire
para que los otros reinen.
El espantapájaros se asoma
se suma
a la chueca hilera de zapatos
que simula ocuparse de la loca.
Ocultos, más allá,
unos huesos ahuecados,
y otros que una vez
saciaron los olivos.
Ella, hecha lluvia,
decide rescatar sus manos
y se transforma en río.
DÍA DE PARIR
Todo es una idea.
¿Quién dice?
La piedra, el alma de la piedra,
la partícula más ínfima de piedra.
El espacio entre partículas.
El espacio más ínfimo del alma.
¿Quién dice?
El agua que trata de horadar la piedra.
La piedra que desvía al agua.
El alma al desviar espacios.
Los vientos que concurren.
¿Qué dicen?
Hoy es un día de engendrar y de parir.
(¿Es un día de espacios?)
Ideas
¿quién dice?
Espacios para el alma que es piedra y agua y vientos.
HOGUERA
El baile de las grullas se ha perdido.
No hay un prisma que despliegue su abanico
ni los frisos determinan el lugar.
Alguien que no toma prisioneros
derrocha latigazos sobre los hombros del mundo.
El cielo oscila entre sus flecos.
El polvo oscila.
No podrás divorciarte de esos barcos.
Sólo lavar los ojos de la rosa
atizar la luz en los carbones
y arder
arder...
LOS TRINOS
El límite es la piel.
Encallecida por los golpes,
por palabras,
y la andanada incontenible,
incontenida,
de injurias
que buscan sepultarnos.
El límite es la piel.
Hacia adentro, sordos pájaros
saludan la mañana,
limpian sus alas dibujándoles el vuelo,
y alertan al tigre soñoliento,
que otra vez tendrá que desgarrarse
para permanecer enteros.
MARIONETTE
La herrumbre
se desprende como hojaldre.
le petite marionnette
cantaba mi madre.
Balcones
escaleras.
Tricche tracche
decía mi padre.
Ojos hojaldrados
se desprenden como herrumbre.
Veo veo
¿qué ves?
Rejas país
clavos país.
Óxido sin horas
de un reloj perdido.
MOCC
Curioso sedimento éste
en que la última señal confunde,
y fósiles
se adueñan de la voz,
del mármol de la mesa,
de las cuidadas huellas.
Cómo medir los restos
si ése que agrietó su mano se consume
y siguen creciendo los erizos,
muecas despiadadas
que despojan
los suelos que nos quedan.
OREMOS
Los días se amortajan
como un rebaño de rocas
ante las bocas de pan
abiertas.
Molinos repetidos
por las aguas de este río
tributario
de otros ríos.
Cucú cucú
cantaba la rana
Juegos a-penas
que hacia el borde de la ronda
se hunden.
PALABRAS
Esta piedra no es la piedra
ni tampoco la llanura.
Sin embargo, la ceguera empecinada
en medir la claridad
desnombrando la hierba al mediodía.
Alguien puede demoler los puentes
y bordar el tiempo con burbujas.
Alguien sabe pronunciar el viento
para encender la noche de alas.
Esta piedra no es la piedra:
una lluvia antigua siembra
y se rompe la vigilia.
LUGAR COMÚN
A veces se doblan las rodillas
y cada golpe cabe en otro golpe,
la caída encierra otra caída.
El instinto estalla en la oquedad del grito.
El grito nace arrodillado;
el grito en el grito de otro grito.
GÉNESIS
Era el embate preciso de la savia
despertando el vértigo
en la entraña de la espiga.
Era la grieta morosa de rocío
presagiando el estallido
que colmaría su sombra.
Era avidez luminosa del abismo,
infinita,
en la eclosión final.
DONDE CRECEN LAS PALABRAS
Yo conocí la tierra donde crecen las palabras:
brotan de raíces con contorno de otros dioses,
florecen con la madera,
se desgajan de las frutas.
Algunas rondan por los patios insulares,
escapan enredándose en las rejas
para no caer en la sombra antigua del aljibe,
ondulan por onduladas calles,
tejen tules de sueños
que buscan rincones en los pliegues de la sierra.
Destino de ave, otras cruzan en bandadas:
no las palomas de petrificado vuelo,
no las golondrinas quemadas en la antorcha;
son pájaros de sol, ángeles al viento.
La noche las arranca de los parches,
iluminan resonancias
a golpe de ritmo y sangre.
Se agitan en cierta mirada milenaria,
estallan en la boca del heraldo,
y alborotan los lagos asombrados
para que la luna se atreva a capturarlas.
Yo..., yo conocí la tierra donde crecen las palabras.
EL VATICINIO
¡Has de volver!
me dice el vaticinio de la maga,
y lo repite un murmullo de adoquines
con guiños cómplices
de luces redimidas por vitrales,
del esqueleto cautivo en la farmacia,
de los ojos barrocos de la catedral.
¡Has de volver!
susurran desde el bosque de los héroes,
desde ajadas rejas que sujetan siglos,
desde el sitio del poeta iluminado,
desde inmensos sables que afloran en la plaza,
desde el puente con veredas de papel.
¡Has de volver!
insisten los espectros de la roca,
el eco que compré en la caracola,
las piedras pellizcadas por el mar...
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
lunes, diciembre 21, 2009
Poesía: :MIGUEL HERNANDEZ
MIGUEL HERNANDEZ. ESPAÑA. ORIHUELA. (1910 - 1942).
Es fácil imaginarlo. Basta con cerrar los ojos despacito, y enseguida aparece entre las cabras trotando en la pastura. Su figura delgada, delgadísima, su respiración entrecortada -tristeza de pulmón herido -, pastor de protesta clara. Lo verás bajo un árbol, leyendo versos, escribiendo versos, olvidándose del rebaño y despertando la ira de su padre. Pondrá, al servicio de los pobres y desvalidos, y de su ideal político, y de la justicia social, pondrá -digo- su palabra y su cuerpo. Poesía combativa, resistente, generación escindida entre el más y el menos en una España dominada por el Escuadrón Negro. Cárcel generadora de nanas y poemas de lucha, pero también de amor hacia Josefina, costurera que pronunciaba su nombre en cada puntada. Tu nombre de hombre, tu nombre de poeta, Miguel, Miguel Hernández, escrito para siempre en las calles de Orihuela. Susana Zazzetti.
ELEGIA ( a Ramón Sije´)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas.
Compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler, me duele hasta el aliento.
Una manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos,
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo,
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
Con mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte,
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera
por los altos andamios de las flores,
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas.
Compañero del alma, compañero.
A mi gran Josefina adorada
Tus cartas son un vino
que me trastorna y son
el único alimento
para mi corazón.
Desde que estoy ausente
no sé sino soñar,
igual que el mar tu cuerpo
amargo igual que el mar.
Tus cartas apaciento
metido en un rincón
y por redil y hierba
les doy mi corazón.
Aunque bajo la tierra,
mi amante cuerpo esté,
escríbeme, paloma,
que yo te escribiré.
Cuando me falte sangre
con zumo de clavel,
y encima de mis huesos
de amor cuando papel.
Me sobra el corazón
Hoy estoy sin saber
ya no sé cómo,
hoy estoy para penas
solamente,
hoy no tengo amistad.
Hoy solo tengo ansias
de arrancarme de cuajo
el corazón
y ponerlo debajo
de un zapato.
Hoy es día de llantos en mi reino,
hoy descarga en mi pecho
el desaliento
plomo desalentado.
No puedo con mi estrella
y me busca la muerte
por las manos.
Yo nací en una mala luna,
tengo la pena de una sola pena
que abate más que toda la alegría.
Un amor me ha dejado con los brazos caídos.
Y no puedo tenderlos hacia más.
No véis mi boca, que desengañada
qué inconformes mis ojos.
Me sobra el corazón.
Voy a descorazonarme.
Yo, el más corazonado de los hombres
y por el más, también el más amargo.
No sé por qué, no sé por qué
ni cómo
me perdono la vida cada día.
XXXV
Hay un constante estío de ceniza
para curtir la luna de la era,
más que aquella caliente que aquél iza,
y más, si menos, oro, duradera.
Una imposible y otra alcanzadiza.
¿ hacia cuál de las dos haré carrera?
Oh, tú, perito en lunas: que yo sepa
qué luna es de mejor sabor y cepa.
Se empalman...
Se empalman la mañana y los palomos
en aludes de luz y de blancura,
sobre copas de bronces policromos
más duraderos que el de cepa pura.
Palmas, palmas. Y baten en dos tomos,
palmas de datilada contextura,
vuelos temiendo con transposiciones
en la luz recta, sin inclinaciones.
Canción del esposo soldado.
He sembrado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera;
he llegado hasta el fondo.
Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.
Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.
Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
aislado por el plomo.
Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismo muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.
Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.
Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera;
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.
Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.
Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.
Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.
Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.
º0º0º0º0º0º0º
Es fácil imaginarlo. Basta con cerrar los ojos despacito, y enseguida aparece entre las cabras trotando en la pastura. Su figura delgada, delgadísima, su respiración entrecortada -tristeza de pulmón herido -, pastor de protesta clara. Lo verás bajo un árbol, leyendo versos, escribiendo versos, olvidándose del rebaño y despertando la ira de su padre. Pondrá, al servicio de los pobres y desvalidos, y de su ideal político, y de la justicia social, pondrá -digo- su palabra y su cuerpo. Poesía combativa, resistente, generación escindida entre el más y el menos en una España dominada por el Escuadrón Negro. Cárcel generadora de nanas y poemas de lucha, pero también de amor hacia Josefina, costurera que pronunciaba su nombre en cada puntada. Tu nombre de hombre, tu nombre de poeta, Miguel, Miguel Hernández, escrito para siempre en las calles de Orihuela. Susana Zazzetti.
ELEGIA ( a Ramón Sije´)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas.
Compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler, me duele hasta el aliento.
Una manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos,
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo,
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
Con mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte,
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera
por los altos andamios de las flores,
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas.
Compañero del alma, compañero.
A mi gran Josefina adorada
Tus cartas son un vino
que me trastorna y son
el único alimento
para mi corazón.
Desde que estoy ausente
no sé sino soñar,
igual que el mar tu cuerpo
amargo igual que el mar.
Tus cartas apaciento
metido en un rincón
y por redil y hierba
les doy mi corazón.
Aunque bajo la tierra,
mi amante cuerpo esté,
escríbeme, paloma,
que yo te escribiré.
Cuando me falte sangre
con zumo de clavel,
y encima de mis huesos
de amor cuando papel.
Me sobra el corazón
Hoy estoy sin saber
ya no sé cómo,
hoy estoy para penas
solamente,
hoy no tengo amistad.
Hoy solo tengo ansias
de arrancarme de cuajo
el corazón
y ponerlo debajo
de un zapato.
Hoy es día de llantos en mi reino,
hoy descarga en mi pecho
el desaliento
plomo desalentado.
No puedo con mi estrella
y me busca la muerte
por las manos.
Yo nací en una mala luna,
tengo la pena de una sola pena
que abate más que toda la alegría.
Un amor me ha dejado con los brazos caídos.
Y no puedo tenderlos hacia más.
No véis mi boca, que desengañada
qué inconformes mis ojos.
Me sobra el corazón.
Voy a descorazonarme.
Yo, el más corazonado de los hombres
y por el más, también el más amargo.
No sé por qué, no sé por qué
ni cómo
me perdono la vida cada día.
XXXV
Hay un constante estío de ceniza
para curtir la luna de la era,
más que aquella caliente que aquél iza,
y más, si menos, oro, duradera.
Una imposible y otra alcanzadiza.
¿ hacia cuál de las dos haré carrera?
Oh, tú, perito en lunas: que yo sepa
qué luna es de mejor sabor y cepa.
Se empalman...
Se empalman la mañana y los palomos
en aludes de luz y de blancura,
sobre copas de bronces policromos
más duraderos que el de cepa pura.
Palmas, palmas. Y baten en dos tomos,
palmas de datilada contextura,
vuelos temiendo con transposiciones
en la luz recta, sin inclinaciones.
Canción del esposo soldado.
He sembrado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera;
he llegado hasta el fondo.
Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.
Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.
Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
aislado por el plomo.
Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismo muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.
Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.
Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera;
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.
Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.
Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.
Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.
Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.
º0º0º0º0º0º0º
viernes, diciembre 04, 2009
POEMAS DE SUSANA GIRAUDO

Poemas / Susana Giraudo
******
un callejón que huele a grito
de niño insatisfecho
y un idiota sin esperanza
vendiendo lotería.
Nadie logró que entendiera,
que no vale la pena
malgastar su saliva.
******
Inmóvil sobre las rocas
un albatro solitario.
En el puerto fragoso
un marinero
achica el foquecon sus manos sogueras,
cuando el sudor lo detiene
se mira con el ave
a los ojos.
******
Digo padre
y me parece verlos ladrillos,
la plomada,
el hambre del cimiento
abierto en el baldío
y las gallinas
picoteando tus culpas... padre.
No sé si vi una casa
o sólo vi la idea.
Pero ya parecía
necesario el frío y
menos culpás tus culpas, padre.
******
Tenía todo el temor adolescente y
en las noches,
tapaba mi cabeza con la colcha.
Fingía dormir.
En esa media hora eterna,
inmóvil, silenciosa,
apretaba en mi mano
la linternita aquélla.
Cuando escuchaba el rumor
del sueño de mi padre
la encendía
debajo del frío de las sábanas.
Leía El Decamerón.
Bocaccio terminaba las pilas
o el sueño me ganaba.
Me lo prestó una amiga.
los libros eran de otros
que los leían
de día.
******
Convivo con el miedo.
Obligo a mis manos
a salir por las calles
mientras quedo a la espera.
Y es en esa vigilia
que soy presa del miedo.
Miedo al sonido de pasos
sobre baldosas desiertas.
Y un miedo apenas envidioso
cuando escucho a la calle
suspirar a la sombra
de la pasión de un árbol.
Miedo del silencio herido impunemente
por la gota
de un grifo monocorde.
Y este miedo de mí,
que camino afuera
adherida a los muros
patrullando el contorno
espectral
de la casa.
******
No necesito el jardín,
para nada.
Él no viene a mi encuentro
en la noche más áspera.
No necesito del naranjo
para nada.
Siempre su engaño cruel
con esa fruta amarga
ardiéndome los labios.
Amarga como esta casa
que ha perdido los ecos.
Si por lo menos fuera
el silencio
de algún zapato
con el cordón desatado
o un pantalón en desorden
tirado sobre la cama.
Si por lo menos eso,
pero ya nada.
Nada.
***************
Soy una mujer de luto,
de dolor a toda hora.
Antes de esto
no sabía dela articulación del hombro;
de las piernas cansadas
ni de la inmensa apatía.
Antes yo
cantaba.
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