lunes, febrero 01, 2010

POESÍAS de HÉCTOR VIEL TEMPERLEY


 
POESÍAS de HÉCTOR VIEL TÉMPERLEY

Héctor Viel TémperleyBuenos Aires. (1933 - 1987) .Tengo el tomo  - conseguido en Buenos Aires luego de mucho peregrinar - que reúne las poesías de Héctor Viel Temperley , entre mis manos. Leo. Lo abandono un instante. Lo vuelvo a tomar y leo. Leo lo nuevo para mí, leo lo ya leído, lo conocido. Siento que es más que un conjunto de estrofas o una serie organizada de versos. Siento un hombre. Una vida anidada en las páginas. Poesía pura. y me digo que la literatura es - a  veces ésto es lo que pienso - más que transmitir sentimientos y emociones o que evasión de la realidad o un juego apasionado de palabras.  Creo que esencialmente es una posición que se asume frente a la vida, con su cal y su arena, con este azar que en un minuto cualquiera da vuelta una historia personal y sorprende y enseña y obliga. Tal vez,´algo parecido a ésto pudo haber pensado este poeta cuando  en la efervescencia de sus jóvenes años la enfermedad golpeó en sus horas. Este poeta, ángel con botas " mi cuerpo en los estribos, casi alado"  que escribió poesías desde sus dieciocho años, humaniza desde entonces las palabras, " las desenvaino de mi cuerpo" y siente, al escribir, como si ascendiera al cielo en un estallido puramente doloroso y creador. Y es en ese estallido, donde él mismo , el nadador, cava en su interior, conociéndose, como el mar que tanto amaba, cava la orilla;  se confiesa, se descubre, recuerda hechos del pasado y como una premonición se adelanta a situaciones futuras.  La poesía de Viel Temperley, donde él mismo es el yo poético, es una especie de alas arrancadas del azul, de los caballos, del hospital.  Escritos con partículas de su propio cuerpo, sin estructura clásica, los versos lo definen confrontando la vida con la muerte.  Obras: "Poemas con caballos" "El nadador"  Legión extranjera" "Hospital Británico" y otras. Susana Zazzetti.

      6

Desde mis pies, mis dedos, abro un río
que va de las rodillas hasta el pecho,
me desato los músculos, me parto
y por mis hombros salto, corro y muerdo.
Tiro mi cuerpo al suelo y yo me tiro
sobre mi propio cuerpo con mi cuerpo,
y, adentro mío, en un instante empuño
el arma que eres tú, el amante acero
que, ya rota su vaina, a mí me envaine
cuando muerto de amor lo lance al cielo.

                    de "El arma"

      Enfermedad

De espaldas, solo, quieto,
no escucho más que el viento
y a su arena cegante.
Abiertas las costillas
dejo que el sol voltee
su caballo en mi sangre.
Dejo que sobre el hueso
de la frente me marque
su herradura, incendiándome.

Dejo también que el mar
desde corrales
de espuma se abalance.
Que en sus ancas profundas
y frías
bajo mi pecho,
una mano tras la otra
se me espanten.
Y que una y otra vez
su silencio me envaine.
Bajo la hirviente carga
yo, solitario sable.

Cuerpo en la costa, herrumbre
cada vez más tirante.
Yo desnudo en el viento,
yo, sin moverme, dejo
que cave en mis entrañas
una pala radiante.
Que el arenal acose
mis ojos y su enjambre
se irrite por mis párpados
sin poder despertarme.
 Que el mar, oh el mar
después,
como a espada me lave
en ese instante estrecho
que desenvaina en aire.

Mas ya, como en un sueño,
hasta en el mar ya es tarde.
Yo, sometido a libertad, sujeta
a toda luz mi carne,
yo, impenetrable pese a todo, rígida
como columna de agua amarga el alma,
no sé más que cerrarme.
                           En mi garganta,
el llanto atravesado como llave.

Frente a la carga inmensa, inmerecida,
yo, sable enfermo, solitario sable.

                    de "El nadador"

        Deja de llover sobre mi cabeza

Deja de llover sobre mi cabeza
y el aire tiene un olor a tibio
que conozco.
Olor a luz, a madera a incienso.
Olor a madrugada
en un monasterio.

Tirado y con los codos en la arena
escucho todas las primeras misas
del mundo
que se rezan por mi alma.

                    de "Mare nostrum gris"

          Una muchacha

Una muchacha
que tiene olor a sexo
y a lápiz.
Una línea.

Una muchacha 
nada rubia. Dios:
te lo aseguro
me pidió que partiera
su blanco lavatorio
y me dejó entre estrellas
de ceniza mojada.

Olor a sexo,
pelo oscuro, lápiz.
Un tajo muy finito.
Una muchacha.

                   de "Tres poemas muy caídos o muy altos"

          S/T

Vengo de comulgar y estoy en éxtasis
          contemplando unas sábanas
          que sólo de mí penden

          sin querer olvidar que en esta balsa,
de tiempo que detengo y de escafandra
          
          con pasos de mujer,
          nunca fui absuelto

          en el adolescente y en el  viento

ni en la cuerda del crawl, que de los hierros
           cavernosos comienza
           a separarse

ni siquiera en las manos deslizándose 
ni en el agua - que corre entre los dedos -

ni en los dedos, ligándose despacio

          para remar con aprensión
          de nuevo

allí donde no hay mesa para apoyar los brazos

          y esperar que alguien venga
          desde su pueblo a visitarnos,

nadie fuma ni duerme, y - en días de gran calma-


          sobre el plato de un hombro

          puede viajar un vaso.

                    de "El espigón más largo, el aviso y el crawl"

      Yace muriéndose

Toda la transpiración de mi cuerpo regresará a mis ojos cuando
muera el tambor en donde fui formado y hable con Él - como
un niño borracho - entre sillas caídas, río crecido y juntos.

Todas las lágrimas de mi vida volverán a mis ojos, y por las
hondas sedas de un pecho de caballo querré internarme,
huir, refugiarme en mi casa de trozos esparcidos de ballena: mi casa 
como cuerpo de varón recién nacido en el tórrido vientre del silencio.

          Tengo La Cabeza Vendada

  Allá atrás, en mi nuca, vi al blanquísimo desierto de esta vida,  de mi vida, vi a mi eternidad, que debo atravesar desde los ojos del Señor hasta los ojos del Señor.
 .............
 
de "Héctor Viel Temperley. Obras completas. Edit. Pez Náufrago

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lunes, enero 11, 2010

Lina Caffarello: POEMAS ALIÑADOS CON LUCES, SOMBRAS, MATICES...

Lina Caffarello



POEMAS ALIÑADOS CON LUCES, SOMBRAS, MATICES...


PARAÍSOS


Borrachos en el sol del mediodía,
con la ilusión
jugando hasta las copas.
Copas que evaporan en el aire
sus ondulantes pies.


Para arraigarlos de a poco ante mis ojos,
me acerco hasta su aroma.


SAZÓN


Germina su especia el equinoccio,
azul, trazo, portal.


Cuelga su nombre en los jilgueros,
danza sobre el filo de la piedra
y, al trepar un macramé de mimbres,
funda el estallido y los capullos
                           latentes en el aire.


OPACIDAD


Ella, opacidad sin nombre,
hace brillar el aire
para que los otros reinen.


El espantapájaros se asoma
 se suma
a la chueca hilera de zapatos
que simula ocuparse de la loca.


Ocultos, más allá,
unos huesos ahuecados,
y otros que una vez
saciaron los olivos.


Ella, hecha lluvia,
decide rescatar sus manos
y se transforma en río.


DÍA DE PARIR


Todo es una idea.
¿Quién dice?


La piedra, el alma de la piedra,
la partícula más ínfima de piedra.
El espacio entre partículas.
El espacio más ínfimo del alma.
¿Quién dice?


El agua que trata de horadar la piedra.
La piedra que desvía al agua.
El alma al desviar espacios.


Los vientos que concurren.
¿Qué dicen?


Hoy es un día de engendrar y de parir.
(¿Es un día de espacios?)


Ideas
¿quién dice?
Espacios para el alma que es piedra y agua y vientos.


HOGUERA


El baile de las grullas se ha perdido.
No hay un prisma que despliegue su abanico
ni los frisos determinan el lugar.


Alguien que no toma prisioneros
derrocha latigazos sobre los hombros del mundo.


El cielo oscila entre sus flecos.
El polvo oscila.


No podrás divorciarte de esos barcos.
Sólo lavar los ojos de la rosa
atizar la luz en los carbones
y arder
arder...


LOS TRINOS


El límite es la piel.
Encallecida por los golpes,
por palabras,
y la andanada incontenible,
                              incontenida,
de injurias
que buscan sepultarnos.


El límite es la piel.
Hacia adentro, sordos pájaros
saludan la mañana,
limpian sus alas dibujándoles el vuelo,
y alertan al tigre soñoliento,
que otra vez tendrá que desgarrarse
para permanecer enteros.


MARIONETTE


La herrumbre
se desprende como hojaldre.
le petite marionnette
cantaba mi madre.
Balcones
escaleras.
Tricche tracche
decía mi padre.


Ojos hojaldrados
se desprenden como herrumbre.
Veo veo
¿qué ves?
Rejas país
clavos país.
Óxido sin horas
de un reloj perdido.


MOCC


Curioso sedimento éste
en que la última señal confunde,
y fósiles
se adueñan de la voz,
                    del mármol de la mesa,
                    de las cuidadas huellas.


Cómo medir los restos
si ése que agrietó su mano se consume
y siguen creciendo los erizos,
                               muecas despiadadas
que despojan
los suelos que nos quedan.


OREMOS


Los días se amortajan
como un rebaño de rocas
ante las bocas de pan
                                   abiertas.


Molinos repetidos
por las aguas de este río
tributario
                de otros ríos.


Cucú cucú
cantaba la rana


Juegos a-penas
que hacia el borde de la ronda
se hunden.


PALABRAS


Esta piedra no es la piedra
ni tampoco la llanura.
Sin embargo, la ceguera empecinada
en medir la claridad
desnombrando la hierba al mediodía.

Alguien puede demoler los puentes
y bordar el tiempo con burbujas.


Alguien sabe pronunciar el viento
para encender la noche de alas.


Esta piedra no es la piedra:
una lluvia antigua siembra
y se rompe la vigilia.


LUGAR COMÚN


A veces se doblan las rodillas
y cada golpe cabe en otro golpe,
la caída encierra otra caída.


El instinto estalla en la oquedad del grito.


El grito nace arrodillado;
el grito en el grito de otro grito.



GÉNESIS


Era el embate preciso de la savia
despertando el vértigo
en la entraña de la espiga.


Era la grieta morosa de rocío
presagiando el estallido
que colmaría su sombra.


Era avidez luminosa del abismo,
infinita,
en la eclosión final.


DONDE CRECEN LAS PALABRAS


Yo conocí la tierra donde crecen las palabras:
brotan de raíces con contorno de otros dioses,
florecen con la madera,
se desgajan de las frutas.

Algunas rondan por los patios insulares,
escapan enredándose en las rejas
para no caer en la sombra antigua del aljibe,
ondulan por onduladas calles,
tejen tules de sueños
que buscan rincones en los pliegues de la sierra.


Destino de ave, otras cruzan en bandadas:
no las palomas de petrificado vuelo,
no las golondrinas quemadas en la antorcha;
son pájaros de sol, ángeles al viento.


La noche las arranca de los parches,
iluminan resonancias
a golpe de ritmo y sangre.


Se agitan en cierta mirada milenaria,
estallan en la boca del heraldo,
y alborotan los lagos asombrados
para que la luna se atreva a capturarlas.


Yo..., yo conocí la tierra donde crecen las palabras.


EL VATICINIO


¡Has de volver!
me dice el vaticinio de la maga,
y lo repite un murmullo de adoquines
con guiños cómplices
de luces redimidas por vitrales,
del esqueleto cautivo en la farmacia,
de los ojos barrocos de la catedral.


¡Has de volver!
susurran desde el bosque de los héroes,
desde ajadas rejas que sujetan siglos,
desde el sitio del poeta iluminado,
desde inmensos sables que afloran en la plaza,
desde el puente con veredas de papel.

¡Has de volver!
insisten los espectros de la roca,
el eco que compré en la caracola,
las piedras pellizcadas por el mar...

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lunes, diciembre 21, 2009

Poesía: :MIGUEL HERNANDEZ

MIGUEL HERNANDEZ. ESPAÑA. ORIHUELA. (1910 - 1942).




Es fácil imaginarlo. Basta con cerrar los ojos despacito, y enseguida aparece entre las cabras trotando en la pastura. Su figura delgada, delgadísima, su respiración entrecortada -tristeza de pulmón herido -, pastor de protesta clara. Lo verás bajo un árbol, leyendo versos, escribiendo versos, olvidándose del rebaño y despertando la ira de su padre. Pondrá, al servicio de los pobres y desvalidos, y de su ideal político, y de la justicia social, pondrá -digo- su palabra y su cuerpo. Poesía combativa, resistente, generación escindida entre el más y el menos en una España dominada por el Escuadrón Negro. Cárcel generadora de nanas y poemas de lucha, pero también de amor hacia Josefina, costurera que pronunciaba su nombre en cada puntada. Tu nombre de hombre, tu nombre de poeta, Miguel, Miguel Hernández, escrito para siempre en las calles de Orihuela. Susana Zazzetti.

ELEGIA ( a Ramón Sije´)


Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas.
Compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler, me duele hasta el aliento.


Una manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida
un empujón brutal te ha derribado.


No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos,
y siento más tu muerte que mi vida.


Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo,
voy de mi corazón a mis asuntos.


Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.


Con mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta.


Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte,
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.


Volverás a mi huerto y a mi higuera
por los altos andamios de las flores,
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.


Alegrarás la sombra de mis cejas
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.


A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas.
Compañero del alma, compañero.

A mi gran Josefina adorada
Tus cartas son un vino
que me trastorna y son
el único alimento
para mi corazón.


Desde que estoy ausente
no sé sino soñar,
igual que el mar tu cuerpo
amargo igual que el mar.


Tus cartas apaciento
metido en un rincón
y por redil y hierba
les doy mi corazón.


Aunque bajo la tierra,
mi amante cuerpo esté,
escríbeme, paloma,
que yo te escribiré.


Cuando me falte sangre
con zumo de clavel,
y encima de mis huesos
de amor cuando papel.


Me sobra el corazón

Hoy estoy sin saber
ya no sé cómo,
hoy estoy para penas
solamente,
hoy no tengo amistad.


Hoy solo tengo ansias
de arrancarme de cuajo
el corazón
y ponerlo debajo
de un zapato.


Hoy es día de llantos en mi reino,
hoy descarga en mi pecho
el desaliento
plomo desalentado.


No puedo con mi estrella
y me busca la muerte
por las manos.


Yo nací en una mala luna,
tengo la pena de una sola pena
que abate más que toda la alegría.

Un amor me ha dejado con los brazos caídos.
Y no puedo tenderlos hacia más.


No véis mi boca, que desengañada
qué inconformes mis ojos.
Me sobra el corazón.
Voy a descorazonarme.


Yo, el más corazonado de los hombres
y por el más, también el más amargo.
No sé por qué, no sé por qué
ni cómo
me perdono la vida cada día.


XXXV


Hay un constante estío de ceniza
para curtir la luna de la era,
más que aquella caliente que aquél iza,
y más, si menos, oro, duradera.
Una imposible y otra alcanzadiza.
¿ hacia cuál de las dos haré carrera?
Oh, tú, perito en lunas: que yo sepa
qué luna es de mejor sabor y cepa.

Se empalman...
Se empalman la mañana y los palomos
en aludes de luz y de blancura,
sobre copas de bronces policromos
más duraderos que el de cepa pura.
Palmas, palmas. Y baten en dos tomos,
palmas de datilada contextura,
vuelos temiendo con transposiciones
en la luz recta, sin inclinaciones.

Canción del esposo soldado.

He sembrado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera;
he llegado hasta el fondo.


Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.


Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
aislado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismo muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.


Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.


Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera;
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.
Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.


Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.
Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.

º0º0º0º0º0º0º

viernes, diciembre 04, 2009

POEMAS DE SUSANA GIRAUDO



Poemas / Susana Giraudo


******
Un barrio desdichado
un callejón que huele a grito
de niño insatisfecho
y un idiota sin esperanza
vendiendo lotería.
Nadie logró que entendiera,
que no vale la pena
malgastar su saliva.

******
Inmóvil sobre las rocas
un albatro solitario.
En el puerto fragoso
un marinero
achica el foquecon sus manos sogueras,
cuando el sudor lo detiene
se mira con el ave
a los ojos.

******
Digo padre
y me parece verlos ladrillos,
la plomada,
el hambre del cimiento
abierto en el baldío
y las gallinas
picoteando tus culpas... padre.

No sé si vi una casa
o sólo vi la idea.
Pero ya parecía
necesario el frío y
menos culpás tus culpas, padre.

******
Tenía todo el temor adolescente y
en las noches,
tapaba mi cabeza con la colcha.
Fingía dormir.
En esa media hora eterna,
inmóvil, silenciosa,
apretaba en mi mano
la linternita aquélla.
Cuando escuchaba el rumor
del sueño de mi padre
la encendía
debajo del frío de las sábanas.
Leía El Decamerón.
Bocaccio terminaba las pilas
o el sueño me ganaba.

Me lo prestó una amiga.
los libros eran de otros
que los leían
de día.

******
Convivo con el miedo.
Obligo a mis manos
a salir por las calles
mientras quedo a la espera.
Y es en esa vigilia
que soy presa del miedo.
Miedo al sonido de pasos
sobre baldosas desiertas.
Y un miedo apenas envidioso
cuando escucho a la calle
suspirar a la sombra
de la pasión de un árbol.
Miedo del silencio herido impunemente
por la gota
de un grifo monocorde.
Y este miedo de mí,
que camino afuera
adherida a los muros
patrullando el contorno
espectral
de la casa.

******
No necesito el jardín,
para nada.
Él no viene a mi encuentro
en la noche más áspera.
No necesito del naranjo
para nada.
Siempre su engaño cruel
con esa fruta amarga
ardiéndome los labios.
Amarga como esta casa
que ha perdido los ecos.
Si por lo menos fuera
el silencio
de algún zapato
con el cordón desatado
o un pantalón en desorden
tirado sobre la cama.
Si por lo menos eso,
pero ya nada.
Nada.

***************
Soy una mujer de luto,
de dolor a toda hora.
Antes de esto
no sabía dela articulación del hombro;
de las piernas cansadas
ni de la inmensa apatía.
Antes yo
cantaba.

viernes, noviembre 27, 2009

María Pugliese: de EJECUCIONES (Inédito)



María Pugliese.

De: EJECUCIONES. Inédito. 2004-2009

María Pugliese: Nació en Buenos Aires, en 1957. Editó los libros de poemas: “De uno y otro lado” (Ed. Filofalsía, Buenos Aires, 1989, con dibujos de interior de Roberto Aguirre Molina); “Esquirlas” (Ed. La rama dorada, Buenos Aires, 1990, Tapa y dibujos de interior de Graciela Cassell, Texto de contratapa a cargo del escritor Rodolfo Alonso) y “Voces como furias” (Ed. Ultimo Reino, Buenos Aires, 1996, Fotos de tapa y solapa de Aldo Tavella). “Vigías en la noche” (Ed. Ultimo Reino, Buenos Aires, 2007). A la fecha, posee varios libros de poemas inéditos. Cabe destacar que parte de su obra fue recogida por distintas antologías editadas tanto en el país como en el extranjero. Diversos ensayos de su autoría fueron editados en distintos medios gráficos. Su producción poética ha sido acreedora de numerosos premios literarios. María Pugliese ya ha sido publicada en Artesanías literarias. Reside en la localidad de Muñiz

I.-

entre una línea de sol al mediodía
y las penumbras
permanece el cerco inalterable
del desencanto
tan profundo y elevado
alto
que no quiero decir
cuánto me callo

II.-

cielo horizonte cielo
descubiertos
azules grises rojos tornasoles
imantan una figura triste
hacia el afuera
la observan
en custodia
por el tedioso marco de metal
por la ventana

III.-

el olfato ondula
entre los vestidos que conservan la fragua
de los aromas íntimos
y me traiciona

el sabor del café
oscila por el borde de la taza
y refiere a los sellos de la boca
sobre el esternón
y me traiciona

el discurso de un andar constante
bajo sauces sombreados
evoca pasillos maullidos vidrios rotos
escritos llantos desesperos
vanidades
y me traiciona

el erizo cautivo
se resiente
se niega al alimento
se encrespa y se contrae
cuando el único peligro es la huída
cuando la única certeza es la ansiedad
y me traiciona

la estela
enaltece con ráfagas
aristas que devuelve el sueño:
mejillas en roce
cinturas trenzadas
piernas en arco
ensalmos placidez
y me traiciona

son una niebla espesa
que transmuta en desprecio
cualquier rastro de amor


IV.-


señales imperfectas atraviesan
un crisol de sonidos recurrentes
se combinan y alternan recepción-emisión
con dádivas del pretérito en presentes
con cláusulas de impertinencia

un idioma sin resonancias

vigas pacientes sobre arena
interrogan
persuaden
resignifican
lo que avanza y arrasa
sin piedad

V.-


una morada en ruinas
flores de paraíso en cementerio

lloviznan uno a uno
sonidos recurrentes

ni se oye llorar


VI.-

desde aguas turbias
vengo a brazo partido
desde la hondura de lo inevitable

retuve entre los labios
pétalos de amapolas
que ahora se desprenden
en breteles de aromas
sobre las simas del perineo

alterné los expiros
con desechos y lodo
le di impulso a los pasos
con insignes evocaciones
de la palabra suelo
asilo recinto

demoré los latidos
profané del aire
del sopor

sobre aguas turbias
los camalotes mecen
una presencia inalterable:
de pie
de espaldas
sin mirar
sin oír
sin pronunciar
no quiero


VII.-

no me niegues
no te escondas
de mí

que aniden
en su bretel de aromas
que resistan
ante los gestos sumisos de las brisas
que bajen
por la ribera de los juncos

no me niegues
no te escondas
de mí

que ondulen
sobre aguas turbias
que perturben
con sus tramas
a los engaños
y a las mentiras
y a todo lo fingido sepultado

los ojos
sus ojos
digan me digan
los ojos
mis ojos
digan le digan
pero


no me niegues
no te escondas
de mí


VIII.-




nunca
nadie
nada
detrás



IX.-

en punto muerto
los pájaros advierten el fin de la tormenta

los soplos arrasaron con granizos
la debilidad de las hojas de las ramas quebradas

humedad sobre una sed estéril

se anuncian
adioses
en el cuenco de los desperdicios
donde convergen senderos anudados

sin respiros

sin salidas



X.-


¿y entonces?
¿en nombre de qué o quién?
¿de lo extremo e inaudito?
¿de lo inquebrantable?
¿de lo obsceno?

¿dónde?

a un paso
del vacío y los barrancos
del estallido
que no es fin
sino principios
en medio de bosques
entre lianas y líquenes
desde el asilo a las cavernas
con el reverbero del agua
o su espejismo

¿con cuánto?
sin más
que una hora señalada
despojos
aguijones en sangre
sin más
que un manto de niebla espesa

¿por cuánto?
a precio
de un beso
y dos abrazos
a la hora señalada
un son de violetas enlazadas
cae

es lo único que cae
haz de luces
cae

de cara al sol
de cara al sol

-- -- -- -- --

jueves, noviembre 19, 2009

Del Poemario de FABIANA LEÓN



de «Para Nombrar Eso»

Material seleccionado por Susana Zazzetti del libro de Fabiana León editado recientemente y presentado en Villa María, "Para nombrar eso", correspondiente a la primera parte completa del mismo, llamada "Poder".


I

Vení
sentate
comamos juntos
quiero ver
cómo es tu boca
ahora
tras la excitación
del poder
traé la esclavitud
de tu vieja pobreza
y los pantalones bajos
como tu intestino deseo
de tener
un nombre
una casa
mujeres
privilegios
pudiste ser libre
elegiste el salto sin red
la que tendían tus amigos
cuando estabas solo
sabés que la traición
es un camino
de ida.

II

Rogá que la memoria quepa
en un grano de sal
así no arderá la herida
de tu lengua enferma.

III

¿Quién te puso precio
si no tu propio espejismo?

IV

Traías el puñal en la manga
como un ilusionista
desaparecí
cuando la sangre
manchó mi frente.

V

Escuché que hablaba
de revolución
como si fuera capaz
después lo vi desnudo
ante el ardor
delatando el sueño de los otros.

VI

Con los brazos en cruz
orinaste la conciencia
abriste un río de lodo
que no para de correr.

VII/
Nadie cuestiona
que lleves pan a tu mesa.
¿pero la hiel de la palabras?
¿el convencimiento?

VIII

En las altas esferas
todo se ve
chiquito
hasta la dignidad
de un hombre.

IX

Cuántas veces
de rodillas
pediste clemencia
o pagaste
sexo
también hincado
ante la luz
¿valió la pena?

X

¿Sirvió que tatuaras
un dragón
a tu espalda
de cipayo?

XI

Acontecido
yermo
malviviente
serás apenas
una piedra en el zapato
arrojada a la orilla
del camino.

XII

Toda la vida
buscaste
un sillón
que contuviera
el tamaño
de tu indecencia.

XIII

Creías que era
gratis
los premios
los halagos
los aplausos
seguí participando
en el carrusel
de los vampiros.

XIV

Y ahí va
con su poemita
al hombro
araña sin destino
tejida por la sombra
poemas mentirosos
pobres versitos
de mortal
impostora.

XV

Cuánto hacía
que no te arrodillabas
en las tablas gastadas
de la iglesia
golpeabas tu pecho
por mi culpa
por tu sangre
por la cruz.
Después robaste
el vino
y las conciencias.

XVI

Lo viste correr
despedazado
y sin embargo
no atinaste
a cruzar la calle
y juntar sus retazos.

XVII

Es fácil ser dios
pensaste
sólo hay que exigir
y saberlo
todo.
Conozco gente
así
rodeada de adulones
pálidos fieles
ungidos por el diezmo
del silencio
y la sed.

lunes, octubre 12, 2009


TUPAC AMARU

atáronle a las manos y pies cuatro lazos, y asidos éstos a la cincha de cuatro caballos, tiraban cuatro mestizos a cuatro distintas partes...
UN TESTIGO DE LA. MUERTE DE TUPAC AMARU


I

Quise ver tus pisadas sobre la tierra ajena, el árbol que miraste, la brisa que fue tuya. Quise saber quién eras, tener entre mis dedos un pensamiento tuyo, tu voz entre mis manos recién llegada al aire, tu voz, tu voz callada, tu voz, Condorcanqui Tupac Amaru. Y aunque no pude entrar en tu recinto para mirarte el rostro y escuchar tu cólera, el trueno adormecido sobre un poco de polvo, aprendí sin embargo que tu casa es la mía, he podido encontrarte en todas partes. Mi mejilla rozaron: no era el viento, era acaso tu galope de niebla. Yo sé que alguien su mano apoyó sobre mi hombro, era acaso tu mano. Por ti la vida canta un aleluya verde. Más allá de mis ojos, allá donde la nube se recuesta en la hierba, esa línea delgada no es el horizonte: es acaso la cuerda de un cantar infinito.
Una tarde sin rostro, una hora sin perfil ni transcurso, en la casa del hombre sin paisajes ni puertas, la tarde se detuvo para siempre junto a los duros cascos, cuando la muerte relinchaba con sus cuatro caballos. Como un grito rodando por las calles, como una sombra loca que danzara en el tiempo, aún se oye tu silencio de Rebelde inmortal.
Señor de los que el látigo sujetó a la fragua de sus días oscuros, mientras la luz temblaba en los ramajes y crecían los ríos de espumosa irancundia, con un Cristo en la mano lleno de sangre y lodo, y una náusea de Dios en las entrañas, repartieron tu cuerpo las cuatro fronteras del olvido.
Condorcanqui Norte, Condorcanqui Sur, Condorcanqui Este, Condorcanqui Oeste, Condorcanqui en el cielo y en la tierra, en el ave de alas melodiosas y el mitayo* sin lluvias ni regreso, el hombre quebrantado sobre el más duro suelo. Tu nombre Condorcanqui en todas partes: en el muro caído, en los recintos huérfanos de pasos, en la estrella lejana y el vegetal profundo, en el aire de todos y de nadie.
Vocablos llenos de una aurora nocturna, toda la vida muerta resplandece en mis labios: Tungasuca, Surimana, Pampamarca! * Un trozo de agua helada del viejo Combapata, una espuma estrellada del río Vilcomayo te mojaron el pecho. Y un día como éste, mientras el picaflor por las alturas iba en busca del alba, y el esclavo de cintura quebrada miraba hacia la tierra, te erguiste encendido como el arcoiris, y entonces una flecha que atravesó la noche de tus latitudes, una honda de dulzura terrible fue tu voz.


II

Tupac Amaru, buscando tus caminos encontraré en la noche los umbrales del mundo, los portales del templo. Tupac de polvo, Tupac de llanto, guitarrero de piedra, qué música perpetua, qué terremoto de astros me estremece!
Buscándote en la noche me han de golpear la sangre los altares volteados por los bueyes del tiempo:
Era entonces el hombre hijo del árbol, de la piedra, del trueno; a tientas se buscaba los párpados cayéndose del hueso que sustentaba el alma.
Greda, luz, agua leve de arroyo, polvo de los rincones venerados, aquí el guijarro-sueño, y la montaña-padre, y allí la nieve-dios como una mano blanca levantada hacia el cielo. En la noche del mundo, el corazón perdido se aumentó de escamas, y luego llegó el Sol con su familia de oro para poblar la tierra. Nacieron los oficios, los números bailaron su danza misteriosa, la memoria del aire se acumuló en los nudos.*
Heraldo de un orgullo triste, alzó el maíz sus pétalos de iridio, el numen de la tierra amontonó su luz en los graneros, pero entonces una ráfaga azul, un viento sideral cegó sus ojos.

III

¿Estoy yo, por ventura, sobre un lecho de rosas? CUAUHTÉMOC
Hora de las convocaciones, hora del Sol perdido en un juego de naipes, hora del día acuchillado en medio de la noche, de la terraza taciturna, de la música exhausta, hora resplandeciente, hora oscura, hora lejos del tiempo, hora que estalla y vuelve, hora del canto adonde acuden todos los rituales terrestres: de Norte a Sur la tierra se estremece en mis labios, se incorpora en mi voz.
Hora de travesías, forastero en mi alma como un ciego me palpo, me ausculto el corazón, y en las napas del tiempo me detengo: aquí estoy, aquí es, aquí he llegado: relámpagos furtivos de América dormida me golpean las sienes, pero nada ni nadie, pero sólo el silencio. Golpeando los portales se me inundan de arena las rodillas, porque todo es lamento de guerreros caídos con su grito enterrado para siempre en la niebla. Aquí estoy, aquí es, aquí he llegado: la Bocina Sagrada del Anáhuac no llama; paleteaba el remero del olvido, y al flechador sin dioses lo cubrió la intemperie. Breve luz de una aurora que rodó por las gradas la cabeza encendida, la sombra silenciosa de Cuauhtémoc transita por las escalinatas desveladas, y el totonaca pétreo bajo la tierra sueña con su plumaje ardiente. Más al sur, en la orilla de la espuma caribe, yacimientos de lágrimas acumuló el decurso: torva profundidad de vida y muerte bajo las catedrales que cimentaba el aire. Yucatán, en tu cuna inmolada, el pecho destrozado por los perros de Dios, solloza el viejo mago de las constelaciones: adivino enredado entre sus propias voces, enfermo de presagios se le cayó la frente.
Tupac Amaru, padre, desde el dolor, el lodo de la tierra humillada, del corazón sepulto hasta la flor aérea mana la voz, el grito, y Atahualpa en la sombra te señala, y Lautaro en el Maule derramado en las olas dice “Tupac, Tupac Amaru”, y Galvarino alumbra tu camino en la noche con su muñón ardiendo como una antorcha en sangre. Arcoiris Tupac, Tupac otoño, en dónde estoy ahora, de tu muerte se me llenó la vida.


IV

...vuestro dios, según dices, fue condenado a muerte por los mismos hombres a quienes había creado; pero e! mío vive aún en los cielos, y desde allí vela sobre sus hijos.
PALABRAS DE ATAHUALPA AL PADRE VALVERDE


Señor Tupac Amaru, porque cavé tus ojos hasta el fondo del Tiempo, hasta tocar las hebras del telar invisible, la eternidad se me enredó en los dedos. El ser que levantaba su torso para el polvo sostenía en los brazos todo el pesado olvido, la criatura perpetuaque la voz ya no pudo sustentar. Pero no solamente la fatiga, como un águila ciega sobre el sueño del hombre, le aguardaba en la sombra del crepúsculo herido; y si el llanto fue aldaba indestructible, cairel de los dolores para siempre labrado, era entonces el aire sólo un templo de luz, y en sus columnas verdes el arpegio del mundo desataba sus trinos.
Después vino la noche, -noche blanca de estandartes remotos, y la vasija se quebró en las manos del aymará dormido.De pie sobre un relincho atravesó tu reino el mercader.
¿Qué era acaso el relincho?No era el grito del agua con sus lúgubres belfos, la luna encabritada sobre las sementeras; no era un dios de la lluviacon su efímera lumbre entre los dientes rojos:era el Marqués de Torquemada con su traje de fiesta, montado en una calavera.

V
Los hombres somos nosotros; los demás no son más que cerdos y perros.
UN MONJE DEL SIGLO X

Así el hambre fue pan de cada día. La luz sobre los hombros fue un harapo celeste. Los maizales cayeron, y en los andenes* de los sembradíos creció una espiga insomne, el cadalso con su áspero fruto columpiándose al viento.
Un nocturno sin astros, una palabra sin vocablo me habita:Pachamama*, madre mía, este árbol no es tuyo. Este es el fruto roto, lo que nos queda del desamparado. Junto al primer vagido vedlo todo:el ídolo condena a los que nacen. Está la madre abierta:ved al encomendero* que junto al vientre aguarda.
Es ésta la semilla, esto lo que nos queda.Lo que sólo retuve del perdido habitante. Ved la casa desierta:aquí no se halla nadie sino un madero en cruz, un dios de rostro dulce presidiendo la muerte.
Este verbo crispado, este ramo doliente que me habita la sangre, esto sólo rctuve del amauta* sin rostro, del cacique sin pecho, sin sexo, sin pestañas, esta palabra mía que estoy pariendo a gritos. Quiero decir de nuevo: ved la casa desierta, buscad entre las piedras al cantador vencido. Ved el quipucamayo* descifrando los nudos:* le pesaba en la espalda toda la gran tiniebla del destino.
Cruza la noche un látigo y suspendido queda como un astro sangriento.Es un duro corneta sobre su cama negra, es un sueño de avispas sobre el ojo dormido. Y quiero velarle el sueño, quiero cuidarle el llantopero es mucho para mi pobreza.
Señor Tupac Amaru, dame un poco de lumbre para ver me los ojos, para mirarme todos los dolores que tengo.

VI

Las piedras de Potosí y sus minerales están bañados con sangre de indios, y si se exprimiera el dinero que de ellos se saca, había de brotar más sangre que plata.CONDE DE ALBA

Murallón del olvido, atrio de pesadumbre, este pórtico es bruma de los sueños.Aquí todos cayeron por un poco de luz, por una cucharada de amor todos rodaron, con un ramo de angustias apretando la vida contra el pecho. Aquí toda quejumbre fue el más dulce anatema.
Maridaje de muertes, sembraba la crueldad su trigo oscuro, su alimento de espinas, y así el ser despojado se aferraba a su cuerpo, se abrazaba a su tos, a su martirio, y arrastraba su aliento por los socavones, arañando metales bajo un cielo de piedra, su hospedaje letal, su casa-tumba.
Este pórtico es bruma de los sueños:mirad, mirad al hombre:obrajero* tejiendo con los hilos del llanto, textilero nocturno, la urdimbre de la dicha se deshace en sus manos.
Pero un remoto albor le sobrevive, y aleluyas oscuros, grises cantos me suben a los párpados.

VII

Arriero de la luz,tus bueyes fueron siervos de la madrugada.
Tupac Amaru, alarife de sol, intercesor sin lauro:aún engendran flores tus heridas de dios sacrificado, aún América oye tu silencio, allí dondeconstruye su morada con llanto, congoja y escalón, zócalo y sueño, argamasa y suspiros, muertey vida, sobre el hombro su arroba de pesares.
Amor entre el hombre y su destino, Arcoiris Tupac, Tupac otoño de los cuatro confines, gladiador que renaces de tu niebla de escombros:el que llega a esta costa, a este lodo, esta pena, este martirio, toca el aire y de pronto se arrodilla y murmura:“Tupac, Tupac Amaru”. Y en su garganta busca ya un alfabeto-trueno, un murmullo de amor que fuera un viento.

VIII

Desde adentro del pecho descendí los estrados. Desde el hueso se me salió la voz.
Y por mirar tu rostro dejé el arca de olvido, el jardín de la noche pisoteado de bruces, sólo estribos del aire que eran nubes remotas, meridianos del alma, y alcé un poco de tierra, escarbé las raíces, extraje desde el fondo tu sonrisa de polvo.
Padre Tupac Amaru, pobre tierra animada por la brisa del sueño, cuánta luz es tu sombra:de tu muerte se me llenó la vida. ●

© Máximo Simpson