Foto de Cartier Bresson

Foto de Cartier Bresson

jueves, junio 07, 2007

El día que fue mañana

por Andrés Aldao

Siente la ráfaga, percibe una inquietud sin identidad que revolotea en el aire. La nada parece insinuarle algo. Profecía sin cara que lo azuza en los últimos meses. Esa mañana fue una inquietud más cercana. Allí está; precisamente como una ráfaga entretejida en intrigas y suspensos que sigue sin decirle nada. Suena el teléfono. Lo observa, e intuye que es como la génesis... ¿De qué? No tiene tiempo de penetrar en sus reflexiones.
–Hola
–¡Reventó! ¡Voló como escombros sobre el techo!
–De qué mierda me estás hablando, Cura...
–¿No escuchaste la radio? ¿Eh?
–Que carajo querés a las ocho y media de la mañana, Habláme claro...
–Esta mañana voló en el Tigre el yate en que que viajaba Villar.
–Conchudos de mierda,,, ahora se viene la maroma... boletearon a un guacho rabioso pero no terminaron con la rabia. Puta madre, Cura, y me lo decís por el tubo... ¡chau!

Apacible; un término que recuerda pastoral, estado de desgano. Se hallaba en el pequeño cuarto que le servía de laboratorio. Tiene delante la bandeja de revelado: una imagen borrosa va tomando forma en el fondo mientras lo agita con la pinzeta. Un helicóptero en vuelo aparece sobre el papel.
Miró la hora: las tres menos diez de la tarde; de una tarde de feriado, apacible. Esa hora tan corriente de una tarde apacible de un día feriado iría a ser el preludio de un cambio irreversible. Como lo blanco que se convierte en negro. La vida, en muerte. La libertad, en Triple A y exilio.
El timbre. Intuye. Se acercó a la mirilla y allí estaban, en abanico, con sus metralletas listas y susurrándose disposiciones de combate. Ninguna duda. Comprendió en el acto que venían por ellos. Fue corriendo hacia el patiecito y se tiró a la planta baja. Quiso fugarse para llamar la atención. No llegó muy lejos.

* * *

Reflexiona en la soledad del dos por dos tirado sobre un jergón mugriento, condenado a compartir la soledad, los presagios y el temor de tantos otros, anteriores huéspedes. Habrán tiritado – pensó –, empapados por el miedo de lo que vendrá; o urdiendo historias pueriles de inocencias cándidas y más pueriles aún.
Las tinieblas, el silencio – roto por voces y sonidos o roces que evocan la cotidaneidad recién perdida – amedrenta. Aguardando; al acecho, Atrapado en el no saber, a la espera de lo inevitable (¿qué es, qué será lo inevitable?). Haciendo votos de heroísmo de fanfarria, acosado por la angustia del no saber, del de qué se trata contiguo, inmediato.

Está en sus manos. ¿Verdad absoluta o relativa? En una celda de dos por dos abarcada por tinieblas sobre un jergón tirado en el piso de cemento. Ellos... Los que van a disponer de su presente; el ahora – que ya se va –, y lo que ignora e imagina. Lo que vendrá luego. Y a la espera de ese luego, la mente sigue lúcida a pesar de la mugrienta venda que lo ha sumido en una oscuridad de amenazas sin caras ni formas. Aguarda. Resignado – pero no vencido –, se repite entre las sombras, densas, del dos por dos. Piensa en las próximas horas; las percibe cercanas y recurre a subterfugios de la mente. Pretextos que lo consuelan o lo abruman. Sabe que está en sus manos; que no tiene posibilidad de decisión; que su voluntad está cercada, aunque que crea disponer de ella para decidir – o elegir – las respuestas. Sólo le queda – si le queda – la conciencia de no entregarse. De todos modos se percibe perdido; está en sus manos; una manos que van a destrozarlo y buscarán quebrarle el temple que aún conserva, aferrado en esas primeras horas. Incertidumbre...

Después de darle “entrada”, quitarle lo que llevaba encima y arrojarlo a la soledad para el ablande, le dan tiempo – ellos no lo saben: suponen lo contrario – para elegir las coartadas o abismarse en la profundidad del terror. Juegan con ventaja; tienen la fuerza, dominan la situación, lo tienen aislado para acrecentar la angustia, los miedos. O evitar la relación con el otro mundo, el que existe fuera de la celda oscura y hedionda.

Piensa en los hijos. En el más pequeño de quince días; y en ella, en la amiga de ojos verdes – ausente en el interín –. Su fantasía es un ruego. El ruego un sueño. Tal vez pudo escabullirse... Y entonces, ¿cómo evitará el largo brazo de la persecución…? Se le ocurren ideas que desecha; piensa en la rutina que ya no va a recobrar. En el “Holandés”, el viejo director de la revista, en las notas que quedaron sobre el escritorio. En la vida del otro lado que prosigue imperturbable y de la que lo han excluido. Es una certeza: lo que hay del otro lado no le pertenece. El mundo que no transitará por bastante tiempo. O nunca más...
Continúa la espera, la pausa agobiante que usan para quebrarlo; para que no atine a saber o intuir. Todo el reciente pasado, las próximas horas que deberá enfrentar con algún pretexto creíble, al que tendrá que ajustarse a pesar del aprete, la picana y los golpes. Cierra los ojos; contempla señales en el cemento, las recorre una y otra vez mientras la mente se acelera... cómo llegaron a mí cómo llegaron a mí cómo llegaron a mí.

Nunca dar un nombre... ni siquiera inventado. Entre datos que bailotean y evocaciones que asume, borra de la mente nombres y lugares del cercano pasado. Han muerto, los han demolido, no existieron, se han incorporado a una ciénaga y se han hundido en ella.
Nunca dar un nombre... ni siquiera inventado. Sabe fehacientemente que a partir del primer desliz, de la primera contradicción, estás perdido. Ya no van a darle tregua, escarbarán en su conciencia, lo molerán a golpes e irán por nuevos datos, nombres, lugares.
Allí aparecen las letras negras, resaltantes... Un manual de explosivos. Eso es, un manual de explosivos guardado con estúpida negligencia.

Cruje la traba herrumbrosa. Es como una profecía que lo estruja... Le indican que salga. Presiente que se encamina hacia el averno. Querrá asumirse digno de las tres décadas que dejó atras. Bravatas que exhibe en ese soliloquio ininteligible: no soy un héroe, pero no debo perder lo único que me queda entre estas paredes, se repite.
No. Aún no había llegado la hora. Un Armenio sumariante – el bueno de la historia – le toma declaración. Todo formal, demasiado formal. No le cree – lo advierte en sus cara, en sus ojos – pero no lo fuerza. Y lo previene: Sí, esta noche te van a interrogar los “otros”, le murmura con cara de pena, un recurso para acrecentar la angustia y el temor. Técnica arcaica...

Luego, devuelto al agujero oscuro, recupera terreno. No se engaña, comprende que lo van a picanear, pero cree tener en la mochila tres datos preciosos. Sqbe lo que hallaron en la casa –lapsus del Armenio, o indicador, esquina del naipe que te muestra el contrincante –, elementos que le impedirán remontar hacia una supuesta inocencia. Pero no hay lazos, no hay vinculaciones recientes, concretas. El delator informó, pero no les alcanza.
De una sí se hará cargo: los tiempos juegan a su favor. La otra es un nombre supuesto... Un minúsculo rollito de papel. Este es el eslabón, el mojón que ha dejado en la retirada, la prueba de la desmemoria. Sobre esto se van a ensañar. Le cuesta concentrarse en las coartadas (cómo llegó a tus manos este manual, de quién es este apodo, quién es, dónde es). No es tiempo de humor ni de sonrisas. La mente no descansa: una respuesta, otra justificación, todo es el pasado. Sólo el 25 y la aministía* – repite como obseso – pueden aliviarte el bulto legal, la infracción a la ley.

De pronto escucha su voz. Esta allí. Sola y en tinieblas. Incomunicada. Piensa en ella. En su fortaleza. Y que él la debe excluir, ponerla al margen. Él el canalla, él el extremista. Ella inocente Piensa en los hijos, y los recorta del recuerdo. Son el factor emocional, el talón de Aquiles; no debe acordarse de ellos. Acorazarse, cercar con acero los sentimientos. No tengo hijos; no me importan. Lastre que arroja por la borda... Ahora debe sobrevivir... Resistir, dicho con exacta propiedad.

Ellos saben como se trabaja en las orgas. Lo han aprendido y estudiado con esmero en escuelas de la tortura y el crimen, con picana, con palizas y métodos refinados de sadismo. Decidió aprovechar, precisamente, lo que puede resultarles coherente. No hay salvación: el picaneo en las encías y los testículos, tirado sobre la mesa húmeda, atadas las muñecas y tobillos, y oyendo una voz que pretende ser graciosa y te acosa con preguntas a repetición. Sabía que no hallaron material de la época. Debe seguir con el juego (jirones de arrogancia fatua): volver a lo mismo, no salirse del libreto. No salirse o está acabado. La ronda va y viene. Duele; enloquece. Pero volver a lo mismo, siempre, mientras pueda aguantar. Nunca dar un nombre... Ni siquiera inventado, repite mientras la corriente de los electrodos lo sacude..

Siente el estetoscopio apoyado en el pecho; intuye las miradas de unos y otros hacia el tipo que lo ausculta: Aguanta... pueden continuar – escucha el susurro del bastardo –.No tiene información para darles...: Se van convenciendo de que no tengo lo que buscan – se le ocurre –, lo que necesitan. No soy un perejil, pero ahora no estoy en la “joda”... Sigue aferrado en el papel del: sabía, era, fui... antes del 25* . El informante lo aportó a él, lo vendió por monedas, por el pasado, por carpetas anteriores. O era informante o lo apretaron con un par de bifes.

La cara del tipo gordito, con esos bigotitos finos y la barbita... El telefónico ese. Él que nos decía una y otra vez en la casona de Montes de Oca: “Ven, ahí están los del Falcón”.
No les importó la nada de la información presente. Lamentarían que esa tarde apacible del 1º. de noviembre de 1974, día de todos los santos, no pudieran abatirlo. Aunque lograron mandarlos a Devoto y Resistencia por un año.
Año y medio después – mientras él,la amiga y los hijos vivían ya el desarraigo del destierro – los triples y los milicos protagonizarían la noche negra de la dictadura militar y el terrorismo de estado.
Los dejaron sin pasado. Quedaron con vida, en este destierro de mierda. Tres décadas, seis lustros. ■



___________________________

* El 25 de mayo de 1973 el Presidente Héctor J. Cámpora firmó el decreto de amnistía para todos los involucrados en “delitos políticos” anteriores a esa fecha. Por eso el protagonista resalta en su soliloquio “hacerse cargo” sólo de hechos anteriores.

8 comentarios:

Avesdelcielo dijo...

Escrito con demasiado dolor, el mismo que contagia al leerlo, además de la bronca.
Es lapidaria la frase: " ... me dejaron sin pasado ".
Porque ¿ cómo se vuelve a la cotidianeidad?
El relato impide que seamos indiferentes, donde luego de cada punto se siente vértigo.

Avesdelcielo dijo...

Soy Marita Ragozza

Sonia Cautiva dijo...

Sin ser, sin estar mas compartir hasta el tuétano la incomparable indignidad. Igual están. están en cada cara que una ve. En cada gesto indiferente hasta la mínima mención. Esán. Están. Y lo peor es que ni siquiera quieren saber. No importa NI OLVIDO NI PERDÓN. No interesa MEMORIA VERDAD Y JUSTICIA. nO IMPORTA. Sólo interesa que olvidémonos y reconciliémonos. LA IGLESIA así desea. Que los hermanos olviden las ofensas. No importa si empalaron al pibe Avellaneda,. No importa si ella parió dentro del Falcon y además qué importa nada. Haya PAZ. ESA PAZ QUE LA IGLESIA TRAJO A AMÉRICA CON LA CRUZ Y CON LA ESPADA, en el comienzo del comienzo.
No es ficción lo tuyo, es estricta realidad. Realidad para difundir, para enseñar, para contar y NO OLVIDAR Y refregarlo en la cara de los indiferentes.
Siempre me moviliza el tema y hace que no olvide.

Sonia Cautiva dijo...

He releído y leído otra vez(valgan las redundancias excesivas)este relato que no es un cuento. Y cada vez, así como de otras fuentes lo he hecho,me involucro de tal manera que la impotencia me hace ser muy parcial.
Pero no es para menos ¿no?. Quienes hayan pasado por estas circunstancias tan atroces merecen el respeto,y reitero ,JUSTICIA, VERDAD MEMORIA permanentes.
EL DÍA QUE FUE MAÑANA es un relato que debe tener la difusión adecuada, como en cierta manera se hace hoy con el tema del Golpe de Estado y la represión y la discriminación en muchas escuelas de Buenos Aires, gracias a no sé que programa, pero se hace. Doy fe.
En algunos Jardines de Infantes ya se ha cambiado el término "negro", "negrito" por "moreno". Pequeños adelantos.
Terrible el relato y espantosamente real.

Andrés Aldao dijo...

Agradezco los comentarios. "El día que fue mañana" es un testimonio entre muchos, un hecho que ocurrió, una herida abierta -no por lo ocurrido al protagonista si no por la irreversibilidad del exilio, el desarraigo de los hijos, la pérdida cultural y la identidad puesta a prueba y rescatada cada minuto, cada segundo, hasta el fin de mis días.
Andrés

Doris dijo...

Herida abierta imposible de cerrar.Rescatarse de un naufragio en que jamás se llegará a la otra orilla. Dolor cuando se piensa excelente.

GINA dijo...

¡Cuánta razón en la reflexión de Sonia cautiva!¿Pero como no va a querer Paz y Olvido una iglesia que fue cómplice de los torturadores,que bendijo a los ladrones y violadores de los hijos de esta tierra aborigen?¿Que aún hoy en nuestro país forma redes de ayuda a nuestros "hermanos originarios" y por otro lado se encarga de enviar a usurpar sus tierras y nuevamente bendice a las autoridades y poderosos que lo hacen y permiten hacerlo con la mas escalofriante inconciencia?¿Cuando los dejan morirse hambre y enfermedades del blanco de un modo lentamente sádico?¿Una iglesia que discrimina a sus docentes y los despide porque se casan con un no católico por
ejemplo,o son madres solteras o a sus alumnas embarazadas?Una iglesia que grita dignidad y se alia a reconocidos delincuentes en aventuras políticas ya sin tapujos para recuperar cuotas de poder que otros credos "cristianos"(igualmente pervertidos por el poder) le han restado.
¡Cuidado con la MEMORIA! Que la Memoria sin justicia tampoco sirve,la memoria sin justicia nunca hallará la paz.Reivindiquemos también la conciencia de la acción para recuperar la justicia,CASTIGO A LOS CULPABLES,CONDENAS que se hagan efectivas NO en Cárceles VIP,sino en las de presos comunes.No a la ley prevista de antemano para evitar el castigo con el cuento de la ancianidad.¡A LA CÁRCEL ASÍ TENGAN 100 AÑOS!¿Qué piedad tuvieron ellos cuando torturaban bebés,cuando violaban mujeres,cuando electrocutaban embarazadas,cuando robaban identidades,cuando destruían familias enteras?
A nuestras nuevas generaciones les lavan el cerebro con el cuento de que no se puede vivir tanto tiempo del rencor.La JUSTICIA no es rencor.Si fuera así deberían vaciarse todas las cárceles.JUSTICIA significa respetar ante todo LA VIDA.
Gracias Sonia Cautiva,cuando encuentro gente como vos,me siento menos sola y puedo gritar con orgullo que por pretender como vos,"JUSTICIA" no estoy loca y soy más cristiana que los que afirman que hay que comprender que las iglesias están manejadas por hombres y estos son falibles.La acción significa ser responsables y preservar la memoria activa a través de las generaciones."NO VIOLENCIA, NO SIGNIFICA PASIVIDAD" dijo el Mahatama y qué digno ejemplo de acción nos dió junto a su pueblo.

Sonia Cautiva dijo...

Gina, lo que vos decís, lo que yo pienso, lo que relata Andrés tan real y crudo, es necesario sea difundido. NO BAJAR LOS BRAZOS. Respeto la fe de los seres humanos, pero debemos convenir, todos , cristianos o no, que la Iglesia Católica, como institución, desde sus orígenes ha sido deleznable. Por supuesto conocemos sacerdotes que no lo han sido, y no conformaban la gran mayoría de la ignominia. Hubo sacerdotes que lucharon por la causa de los detenidos desaparecidos, por el hambre,la injusticia. Pero ¿cuántos? ¿Cuántos hay que viven a expensas del título que se han adjudicado. ¡Cuidado! ¡Cuidado de todo aquél que se escuda detrás de un ropaje para disponer de más poder!.
Eso debemos enseñarle a nuestros hijos. Que la dignidad y la justicia y el no olvido, se aprenden. Y también enseñarles que VIOLENCIA ES MENTIR.
UN ABRAZO