Foto de Cartier Bresson

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lunes, octubre 12, 2009


TUPAC AMARU

atáronle a las manos y pies cuatro lazos, y asidos éstos a la cincha de cuatro caballos, tiraban cuatro mestizos a cuatro distintas partes...
UN TESTIGO DE LA. MUERTE DE TUPAC AMARU


I

Quise ver tus pisadas sobre la tierra ajena, el árbol que miraste, la brisa que fue tuya. Quise saber quién eras, tener entre mis dedos un pensamiento tuyo, tu voz entre mis manos recién llegada al aire, tu voz, tu voz callada, tu voz, Condorcanqui Tupac Amaru. Y aunque no pude entrar en tu recinto para mirarte el rostro y escuchar tu cólera, el trueno adormecido sobre un poco de polvo, aprendí sin embargo que tu casa es la mía, he podido encontrarte en todas partes. Mi mejilla rozaron: no era el viento, era acaso tu galope de niebla. Yo sé que alguien su mano apoyó sobre mi hombro, era acaso tu mano. Por ti la vida canta un aleluya verde. Más allá de mis ojos, allá donde la nube se recuesta en la hierba, esa línea delgada no es el horizonte: es acaso la cuerda de un cantar infinito.
Una tarde sin rostro, una hora sin perfil ni transcurso, en la casa del hombre sin paisajes ni puertas, la tarde se detuvo para siempre junto a los duros cascos, cuando la muerte relinchaba con sus cuatro caballos. Como un grito rodando por las calles, como una sombra loca que danzara en el tiempo, aún se oye tu silencio de Rebelde inmortal.
Señor de los que el látigo sujetó a la fragua de sus días oscuros, mientras la luz temblaba en los ramajes y crecían los ríos de espumosa irancundia, con un Cristo en la mano lleno de sangre y lodo, y una náusea de Dios en las entrañas, repartieron tu cuerpo las cuatro fronteras del olvido.
Condorcanqui Norte, Condorcanqui Sur, Condorcanqui Este, Condorcanqui Oeste, Condorcanqui en el cielo y en la tierra, en el ave de alas melodiosas y el mitayo* sin lluvias ni regreso, el hombre quebrantado sobre el más duro suelo. Tu nombre Condorcanqui en todas partes: en el muro caído, en los recintos huérfanos de pasos, en la estrella lejana y el vegetal profundo, en el aire de todos y de nadie.
Vocablos llenos de una aurora nocturna, toda la vida muerta resplandece en mis labios: Tungasuca, Surimana, Pampamarca! * Un trozo de agua helada del viejo Combapata, una espuma estrellada del río Vilcomayo te mojaron el pecho. Y un día como éste, mientras el picaflor por las alturas iba en busca del alba, y el esclavo de cintura quebrada miraba hacia la tierra, te erguiste encendido como el arcoiris, y entonces una flecha que atravesó la noche de tus latitudes, una honda de dulzura terrible fue tu voz.


II

Tupac Amaru, buscando tus caminos encontraré en la noche los umbrales del mundo, los portales del templo. Tupac de polvo, Tupac de llanto, guitarrero de piedra, qué música perpetua, qué terremoto de astros me estremece!
Buscándote en la noche me han de golpear la sangre los altares volteados por los bueyes del tiempo:
Era entonces el hombre hijo del árbol, de la piedra, del trueno; a tientas se buscaba los párpados cayéndose del hueso que sustentaba el alma.
Greda, luz, agua leve de arroyo, polvo de los rincones venerados, aquí el guijarro-sueño, y la montaña-padre, y allí la nieve-dios como una mano blanca levantada hacia el cielo. En la noche del mundo, el corazón perdido se aumentó de escamas, y luego llegó el Sol con su familia de oro para poblar la tierra. Nacieron los oficios, los números bailaron su danza misteriosa, la memoria del aire se acumuló en los nudos.*
Heraldo de un orgullo triste, alzó el maíz sus pétalos de iridio, el numen de la tierra amontonó su luz en los graneros, pero entonces una ráfaga azul, un viento sideral cegó sus ojos.

III

¿Estoy yo, por ventura, sobre un lecho de rosas? CUAUHTÉMOC
Hora de las convocaciones, hora del Sol perdido en un juego de naipes, hora del día acuchillado en medio de la noche, de la terraza taciturna, de la música exhausta, hora resplandeciente, hora oscura, hora lejos del tiempo, hora que estalla y vuelve, hora del canto adonde acuden todos los rituales terrestres: de Norte a Sur la tierra se estremece en mis labios, se incorpora en mi voz.
Hora de travesías, forastero en mi alma como un ciego me palpo, me ausculto el corazón, y en las napas del tiempo me detengo: aquí estoy, aquí es, aquí he llegado: relámpagos furtivos de América dormida me golpean las sienes, pero nada ni nadie, pero sólo el silencio. Golpeando los portales se me inundan de arena las rodillas, porque todo es lamento de guerreros caídos con su grito enterrado para siempre en la niebla. Aquí estoy, aquí es, aquí he llegado: la Bocina Sagrada del Anáhuac no llama; paleteaba el remero del olvido, y al flechador sin dioses lo cubrió la intemperie. Breve luz de una aurora que rodó por las gradas la cabeza encendida, la sombra silenciosa de Cuauhtémoc transita por las escalinatas desveladas, y el totonaca pétreo bajo la tierra sueña con su plumaje ardiente. Más al sur, en la orilla de la espuma caribe, yacimientos de lágrimas acumuló el decurso: torva profundidad de vida y muerte bajo las catedrales que cimentaba el aire. Yucatán, en tu cuna inmolada, el pecho destrozado por los perros de Dios, solloza el viejo mago de las constelaciones: adivino enredado entre sus propias voces, enfermo de presagios se le cayó la frente.
Tupac Amaru, padre, desde el dolor, el lodo de la tierra humillada, del corazón sepulto hasta la flor aérea mana la voz, el grito, y Atahualpa en la sombra te señala, y Lautaro en el Maule derramado en las olas dice “Tupac, Tupac Amaru”, y Galvarino alumbra tu camino en la noche con su muñón ardiendo como una antorcha en sangre. Arcoiris Tupac, Tupac otoño, en dónde estoy ahora, de tu muerte se me llenó la vida.


IV

...vuestro dios, según dices, fue condenado a muerte por los mismos hombres a quienes había creado; pero e! mío vive aún en los cielos, y desde allí vela sobre sus hijos.
PALABRAS DE ATAHUALPA AL PADRE VALVERDE


Señor Tupac Amaru, porque cavé tus ojos hasta el fondo del Tiempo, hasta tocar las hebras del telar invisible, la eternidad se me enredó en los dedos. El ser que levantaba su torso para el polvo sostenía en los brazos todo el pesado olvido, la criatura perpetuaque la voz ya no pudo sustentar. Pero no solamente la fatiga, como un águila ciega sobre el sueño del hombre, le aguardaba en la sombra del crepúsculo herido; y si el llanto fue aldaba indestructible, cairel de los dolores para siempre labrado, era entonces el aire sólo un templo de luz, y en sus columnas verdes el arpegio del mundo desataba sus trinos.
Después vino la noche, -noche blanca de estandartes remotos, y la vasija se quebró en las manos del aymará dormido.De pie sobre un relincho atravesó tu reino el mercader.
¿Qué era acaso el relincho?No era el grito del agua con sus lúgubres belfos, la luna encabritada sobre las sementeras; no era un dios de la lluviacon su efímera lumbre entre los dientes rojos:era el Marqués de Torquemada con su traje de fiesta, montado en una calavera.

V
Los hombres somos nosotros; los demás no son más que cerdos y perros.
UN MONJE DEL SIGLO X

Así el hambre fue pan de cada día. La luz sobre los hombros fue un harapo celeste. Los maizales cayeron, y en los andenes* de los sembradíos creció una espiga insomne, el cadalso con su áspero fruto columpiándose al viento.
Un nocturno sin astros, una palabra sin vocablo me habita:Pachamama*, madre mía, este árbol no es tuyo. Este es el fruto roto, lo que nos queda del desamparado. Junto al primer vagido vedlo todo:el ídolo condena a los que nacen. Está la madre abierta:ved al encomendero* que junto al vientre aguarda.
Es ésta la semilla, esto lo que nos queda.Lo que sólo retuve del perdido habitante. Ved la casa desierta:aquí no se halla nadie sino un madero en cruz, un dios de rostro dulce presidiendo la muerte.
Este verbo crispado, este ramo doliente que me habita la sangre, esto sólo rctuve del amauta* sin rostro, del cacique sin pecho, sin sexo, sin pestañas, esta palabra mía que estoy pariendo a gritos. Quiero decir de nuevo: ved la casa desierta, buscad entre las piedras al cantador vencido. Ved el quipucamayo* descifrando los nudos:* le pesaba en la espalda toda la gran tiniebla del destino.
Cruza la noche un látigo y suspendido queda como un astro sangriento.Es un duro corneta sobre su cama negra, es un sueño de avispas sobre el ojo dormido. Y quiero velarle el sueño, quiero cuidarle el llantopero es mucho para mi pobreza.
Señor Tupac Amaru, dame un poco de lumbre para ver me los ojos, para mirarme todos los dolores que tengo.

VI

Las piedras de Potosí y sus minerales están bañados con sangre de indios, y si se exprimiera el dinero que de ellos se saca, había de brotar más sangre que plata.CONDE DE ALBA

Murallón del olvido, atrio de pesadumbre, este pórtico es bruma de los sueños.Aquí todos cayeron por un poco de luz, por una cucharada de amor todos rodaron, con un ramo de angustias apretando la vida contra el pecho. Aquí toda quejumbre fue el más dulce anatema.
Maridaje de muertes, sembraba la crueldad su trigo oscuro, su alimento de espinas, y así el ser despojado se aferraba a su cuerpo, se abrazaba a su tos, a su martirio, y arrastraba su aliento por los socavones, arañando metales bajo un cielo de piedra, su hospedaje letal, su casa-tumba.
Este pórtico es bruma de los sueños:mirad, mirad al hombre:obrajero* tejiendo con los hilos del llanto, textilero nocturno, la urdimbre de la dicha se deshace en sus manos.
Pero un remoto albor le sobrevive, y aleluyas oscuros, grises cantos me suben a los párpados.

VII

Arriero de la luz,tus bueyes fueron siervos de la madrugada.
Tupac Amaru, alarife de sol, intercesor sin lauro:aún engendran flores tus heridas de dios sacrificado, aún América oye tu silencio, allí dondeconstruye su morada con llanto, congoja y escalón, zócalo y sueño, argamasa y suspiros, muertey vida, sobre el hombro su arroba de pesares.
Amor entre el hombre y su destino, Arcoiris Tupac, Tupac otoño de los cuatro confines, gladiador que renaces de tu niebla de escombros:el que llega a esta costa, a este lodo, esta pena, este martirio, toca el aire y de pronto se arrodilla y murmura:“Tupac, Tupac Amaru”. Y en su garganta busca ya un alfabeto-trueno, un murmullo de amor que fuera un viento.

VIII

Desde adentro del pecho descendí los estrados. Desde el hueso se me salió la voz.
Y por mirar tu rostro dejé el arca de olvido, el jardín de la noche pisoteado de bruces, sólo estribos del aire que eran nubes remotas, meridianos del alma, y alcé un poco de tierra, escarbé las raíces, extraje desde el fondo tu sonrisa de polvo.
Padre Tupac Amaru, pobre tierra animada por la brisa del sueño, cuánta luz es tu sombra:de tu muerte se me llenó la vida. ●

© Máximo Simpson




4 comentarios:

Mercedes Sáenz dijo...

Tanto es el texto del Maestro Simpson, tanto es el corazón pleno puesto en América.
Excelente. Abrazo. Mercedes Sáenz

Liliana Lucki dijo...

Simplemente maravilloso.

Saluda desde MDQ.

Angel Sanz dijo...

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