Foto de Cartier Bresson

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miércoles, mayo 28, 2008

Autopista del Pacífico Sur


Martha Goldín

Me gustaba caminar por Torrance. Me gustaban esos días en los que iba reconociendo calles, el barrio cercano al mar, las casitas . El aroma a jazmines impregnaba todo y cuando caía el sol se enrojecía el cielo , siempre celeste. El paisaje, mágico, parecía otro.. Cruzaba el Higway y caminaba tres cuadras hasta el semáforo. Y tres más hasta divisar la casa baja y extensa , con su prolijo cartel Library de Torrance . Allí usaba la computadora . Solía atenderme una mujer muy gorda y rubia, de aspecto común . Una tarde sentí, molesta, que no dejaba de observarme. Me acerqué le pedí un libro y vi el miedo en su mirada.
- He soñado noche a noche contigo -me dijo- hace años que te sueño y te temo.
Creo que en ese momento no la comprendí. Acaso pensé que estaba loca :
De todas maneras ser parte del delirio de una obesa bibliotecaria californiana no me atrapaba, pero debo reconocer que sus palabras me inquietaron.
Algo en el silencio de la tarde, el hechizo que emanaba de ese ocaso y el aroma penetrante de los jazmines me estremecieron..
Resolví no ir al día siguiente y aprovechar esas horas visitando Palos Verdes , un pueblo enclavado en las colinas , fascinante con sus enormes palmeras sobre el mar . Un par de días después creí olvidada las extrañas palabras de la californiana y volví a la biblioteca. . Allí, como siempre, estaba ella que casi no contestó mi saludo.
Ya en la computadora abrí e-mails. . Eran recuerdos de mis colegas por el Día de la Mujer, encuentros literarios , concursos. Lo de siempre. Creo que fue en esos momentos cuando sentí que la silla en la que estaba sentada crujía. Si, fue entonces que una sensación de extrañeza me invadió. Como si me estuviera desintegrando. Me levanté lo más rápido que pude y observé el espejo de la entrada. Entonces me vi, definitivamente me vi, incómoda en el voluminoso cuerpo de la bibliotecaria californiana, siniestra en la imagen que me devolvía el espejo y que me acompañaría desde ese momento.
A veces, entre lágrimas, recuerdo mi casa en Buenos Aires, mis seres amados, mis libros. A veces, mientras cierro la library a las ocho de la noche en punto y aburrida doy por finalizado el día, subo con dificultad mi voluminoso cuerpo al auto y me alejo, entre lágrimas, comiendo donuts . ■

© Martha Goldín

2 comentarios:

mrblack dijo...

Hola, como estas queria invitarte a mi blog de magos, si queres podemos intercambiar link

http://www.mago-mrblack.blogspot.com/

Saludos.

Alicia Susana Gómez dijo...

Marta: ¡Cuántas veces el ensueño que es la vida nos hace temer perecernos en los otros! ¿Qué magia encierra este relato que confundimos un personaje en el extraño que somos para nosotros mismos? ¿Era la que visitaba la Biblioteca aquel ser real o el miedo de la rutinaria bibliotecaria fue reconocerse?
Alicia Susana Gómez.
asusanago@hotmail.com