Foto de Cartier Bresson

Foto de Cartier Bresson

miércoles, mayo 30, 2007

Ocho años no es nada...

Una foto ajada y descolorida sobre el muro. Desde su interior, Angelito Vargas lo observa con mirada compasiva. “Imposible escucharlo cantar ‘Ninguna’ sin verlo con el funyi y esa cara de porteño melancólico”, discurre Samuelito tirado sobre el camastro de su celda. Dormita... los compañeros están en la visita. Samuelito (a Manos Brujas ), barrunta: “Seguro que Felisa hoy no viene... Mejor se consuela—: últimamente está muy agresiva, es imposible hablar con ella”.

“¡Samuelito: visita!” Se levanta parsimonioso, contempla su jeta en el espejo y decide afeitarse. Se da una fugaz pasadita y sale al pasillo. “¡Celador!!”. El guardia se aproxima, abre la celda y otro carcelero lo acompaña hasta la sala de visita. Llega a la mampara y aguarda. Felisa se acerca, se sienta y lo mira con cariño. Y rabia, mucha rabia. Se saludan tocándose las manos. Comentan las novedades, abogado, apelaciones, juzgado. Luego, un hosco silencio... La bronca despedaza el aire.

—¿Cuándo vas a aprender, Samuelito? ¿Te molestaba vivir tranquilo? Hacía quince años que largaste el choreo. Compramos el quiosco para alejarte de la gentuza de Acevedo y Corrientes. Te lo vine diciendo todo el tiempo: no vuelvas, no reincidas, no nos falta nada, te lo dije, ¡cuántas veces que te lo dije! ¡Largá, no se te ocurra! Te lo dije. Pero tenías que rejuntarte con la “mala junta”, ¿eh?

—Sí, sí, Felisa, pero también me dijiste otras cosas... ¿te olvidaste? Querías esa cadena de oro igual a la que tiene tu cuñada, ¿no? Me dijiste que estás podrida de vivir en un departamentito, que querías cambiar todos los muebles. Y además, ¿no me dijiste con lágrimas en los ojos: ”Estoy tan alejada del centro”. Dijiste, dijiste, ¡acordate de todo, Felisa!

—Es cierto, Samuelito; ¿pero cómo se te ocurre asaltar un banco? ¿Qué sabés vos de bancos, viejo infeliz? ¿Vos, un “escruchante”? Y con esos dos estúpidos, ¿de dónde los sacaste? El Santiago ese, chofer “profesional”: ¡madre mía, pero si ese tipo no es capaz de manejar ni un monopatín! ¿Te das cuenta, viejo? El infeliz está al volante del auto comiendo un sánguche de salame y queso, papando moscas... Dije “el auto”: ¿Cómo se te ocurre preparar un “asalto” y pretender escaparte en un Renó del 77? ¿Y el otro, el de la “la pesada”? Parado en la puerta del banco con una pistolita 22, escarbándose sus mugrientos mocos y sonriéndose como un tarado mientras vos apretabas al gerente: ¡Dios mío!

—Me los recomendaron los muchachos del café Rívoli, Felisa, ¿qué culpa tengo yo?

—¡Pero qué me contás! Vos estabas jubilado, no más “escruches”, me decías en tu lunfa de Villa Crespo... Teníamos nuestro casita, el quiosco con lotería, no nos faltaba nada... ¿y ahora? Vos en Devoto, apareciste en los diarios con foto y todo, los vecinos me vienen a visitar; en realidad vienen a darme el “pésame”. Jugando al pistolero, al chorro de la pesada; y encima el juez te bajó ocho años, Samuelito.

—Dale, Felisa, no te aflijas: ocho años no es nada, pasan pronto... Felisa, te prometo que desde ahora, ¡chau al afano! Miraremos televisión, jugaremos al buraco, tomaremos café con criollitas, los domigos un pollito al limón... Vas a ver, todo se arreglará.

—Ya no me causan gracia tus estupideces. ¿De qué me estás hablando, viejo reblandecido? Aparte de dormir sola en la cama como una viuda, vender todo lo que ahorramos en tantos años para pagarle al abogado, traerte paquetes que también aprovechan los chorros muertos de hambre que están en tu ranchada, vivir de mi pensión de puta vieja y jubilada ¿todavía me hacés chistes? ¿Sólamente ocho años te dieron? Samuelito: vos ya tenés setenta y dos pirulos... Con tu reuma, cuando salgas en el 2014, vas a ser un inválido de ochenta. Y seguro que vas a estar pegado a un sillón de ruedas! Yo te lo dije, te lo dije, ¿te acordás? Ochenta años... ¡si es que llegás!

Andrés Aldao

2 comentarios:

Sonia Cautiva dijo...

En 52 renglones, Samuelito,pasea entre cuatro paredes, el tango, Villa Crespo, el Rívoli...
En 52 renglones, Señor Andrés, se revive una vida "de tu pluma".(ya no se dice así, lo sé). Pero es "tu pluma" la que hace conocer lo conocido y lo no.
Tu composición poética me emocionó y me recordó cosas que sabía por haber oído, vivido, tan exactas, tan perfectas (¿mucho adjetivo, no?)que la encontré totalmente redonda, cerrada con un hermoso moño adornándola.

Doris dijo...

Es muy bueno. En octubre ya estaba y se hubieran callado los que por no tener que decir hablan vacío.Doris